sábado, 1 de octubre de 2016

La Fiera Corrupia

    El tío Camuñas, el Hombre del Saco, el Sacamantecas, el Coco, el Hombre de la Boina Negra,  el Ojáncano,  el Lobo  y otros cuantos más, constituyen una serie de personajes , unas veces reales y otras fantásticos, que formaban parte del universo personal de los niños, en la primera mitad del siglo XX, y de muchas generaciones anteriores.
    Son seres “asustaniños” con los que, a menudo,  los adultos  nos atemorizaban en nuestra infancia  para evitar que corriésemos riesgos innecesarios, pues había una serie de normas establecidas: no andar de noche por la calle, no ir solos al campo, no alejarse mucho del pueblo,  no acercarse a desconocidos, no irse tarde a la cama, no asomarse a los pozos… que debíamos seguir  escrupulosamente. Si algún niño incumplía alguna de ellas, podía ser  víctima de cualquiera de estos seres que, por lo visto, debían tener un apetito descomunal a todas horas, ya que siempre estaban dispuestos a llevarnos con ellos para “hacernos cachitos” y comernos crudos.
   Además, debíamos ser muy obedientes ya que nuestros progenitores tenían línea directa con ellos y, si no obedecíamos, presumían de poder llamarles cuando se les antojaba, para chivarles nuestras travesuras.
   Uno de estos seres fantásticos es la Fiera Corrupia. Se trata de un misterioso animal que vive en nuestros campos, y que se presenta cuando menos lo esperas;  siendo su bocado preferido aquellos niños que se alejan del pueblo, sobre todo, si van solos.
   Yo ya tenía noticias de su existencia (¡eres más malo que la Fiera Corrupia!, era una expresión que, a veces, decían las madres a sus hijos, con ocasión de  alguna trastada).
   Cuando se habla de mitos y leyendas, las descripciones que se hacen de sus protagonistas, al tratarse de seres fantásticos,  son siempre muy imprecisas. El mejor informante que tuve de la Fiera Corrupia, pues la describió con todo detalle,  fue un pastor de Cerezal que cuidaba sus  ovejas en las
Teso de Peñahorcada
estribaciones del Teso de Peña Horcada.
   Una tarde de primavera, un grupo de amigos habíamos llegado hasta allí  y, al enterarse el hombre que éramos de Barrueco, al vernos tan lejos de nuestro lugar de origen, consideró que debía asustarnos un poco para que no volviésemos a alejarnos tanto del pueblo.
 -  ¡Muchachos! ¡Volveos pronto a para vuestra casa!, dijo el pastor. ¡Como se os haga tarde  puede aparecer la Fiera y lo vais a pasar muy mal!
   - ¿Y eso, qué es? Preguntamos con curiosidad.
  Aunque cada cual la describe con pequeñas variaciones, respecto a otros informantes,  casi todos coinciden en lo principal. Se trata de un híbrido de varios animales: la boca es parecida a la de un lobo pero bastante más grande y con dos filas de dientes arriba y abajo; los colmillos son enormes, siendo los incisivos cortantes como navajas; además,  poseen unos cuernos largos y algo retorcidos;  el pelo tiene un color entre negro y marrón; sus patas terminan en unas fuertes pezuñas, el rabo se divide, en su extremidad, en tres rabos más pequeños, y golpea , a veces, con él, a sus víctimas.
   De tamaño intermedio entre una cabra y una vaca, tiene una agilidad increíble, saltando las paredes con extrema facilidad  A veces, antes de verla, su presencia es delatada por el fuerte olor que emana, que recuerda al azufre quemado.
   Aunque su aspecto, ya de por sí, es terrorífico;  lo que más asusta son los rugidos que emite, audibles a gran distancia. A veces, cuando hace mucho viento, oímos sonidos extraños que recuerdan los rugidos de un animal;  aunque la gente cree que es el viento, en realidad pertenecen a esta fiera que vive en nuestros campos y que brama cuando está hambrienta.  
  El pastor la describió en términos parecidos a los ya descritos recomendándonos,  encarecidamente, que si teníamos la desgracia de que se nos apareciera la fiera, no la mirásemos directamente  a los ojos pues podíamos quedar hipnotizados e incapaces de movernos. 
  El dueño de las ovejas afirmaba haber visto a la Fiera Corrupia sólo en una ocasión;  precisamente,  entre los términos de Barrueco y Cerezal. La fiera estaba de espaldas, el viento iba en sentido contrario y, gracias a esta circunstancia, no lo olió, pudiendo alejarse de allí indemne.
   Lo último que deseaba en el mundo era volver a  encontrarse con esa criatura tan terrorífica.
   Nos aconsejó que anduviésemos con cuidado por los campos y que, como estábamos lejos de nuestro pueblo, más nos valía volver a él lo antes posible pues si se nos echaba la noche encima, y aparecía la Fiera, no tendríamos posibilidad alguna de sobrevivir a su ataque.
   Para dar mayor credibilidad a su relato, afirmó que conocía algún caso de niños que habían salido al campo, se habían alejado mucho de sus pueblos, y nunca más volvió a saberse nada de ellos.

   Aquel día, cuando se puso el sol, nosotros ya llevábamos un buen rato en nuestro pueblo. Éramos ya adolescentes y en ningún momento llegamos a pensar que ese ser fuera real. Alguien dijo que: “De noche, hasta los ateos casi creen en Dios. Nosotros tampoco creíamos en la existencia de la Fiera Corrupia; pero por si acaso  

2 comentarios:

  1. A los niños de ahora, ni la Fiera Corrupia, ni el Tío del Saco, ni na. Les asustan pocas cosas, o ninguna. Y los adolescentes, en estos tiempos, son ellos los que van en busca de la Fiera Corrupia y cuanto más de noche, mejor. Luego, pasa lo que pasa muchas veces, que la Fiera aparece en forma de accidente o desaparición. ¡Cuánto han cambiado los tiempos, cuántos las historias de antes, comparadas a las de ahora!

    -Manolo-

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  2. Pues sí, las cosas han cambiado mucho en este aspecto. Antes eran los hijos los que se asustaban de noche, y ahora son los padres los que se asustan, porque es precisamente entonces cuando más salen los hijos.

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