lunes, 20 de febrero de 2023

De viejos y nuevos curanderos

   El desarrollo de la medicina ha sido extraordinario a lo largo de las últimas décadas, en todos los aspectos, excepto en la atención a los habitantes del medio rural; estos, con bastante frecuencia, asisten impotentes al hecho de ver cómo, cada vez que en la Consejería de Sanidad hablan de reestructurar las áreas de salud, en realidad, de lo que están hablando es de suprimir plazas de sanitarios en algún lugar de la provincia; un hecho que conlleva una progresiva disminución del número de médicos en el medio rural, con la consecuente merma del número de consultas. 

 Si nos remontamos a tiempos atrás, muchos pueblos, especialmente los más pequeños, no disponían de médico, de ahí que lo que sucede actualmente podría parecer un regreso al pasado, dando la sensación de que, en este aspecto,  no ha cambiado nada, pero eso no es así. Afortunadamente, en lo relacionado con la salud, han cambiado muchas cosas y para bien. 

  Actualmente, cuando una persona, en un pueblo, tiene alguna dolencia y considera que no puede esperar hasta la siguiente consulta del médico, que a veces no tendrá lugar hasta varios días más adelante, si es que allí hay consulta, ya que en los pueblos excesivamente pequeños la atención al ciudadano es a la demanda – creo que en los lugares con menos de 50 habitantes, el médico solo acude cuando hay algún enfermo que no puede desplazarse- en esos casos, tiene que ir al centro de salud, directamente, a ver al médico de guardia o llamar al 112, donde, seguramente, le dirán que, si su problema no es urgente, vaya al centro de salud y no moleste innecesariamente -se lo dicen con palabras más amables, eso sí- 

  Hasta hace 40 años, en los pueblos, especialmente en los más pequeños, donde no había médico o este pasaba por allí una o dos veces por semana, cuando ocurría una situación similar y alguno de nuestros paisanos enfermaba; muchas veces, como estaban acostumbrados “a vivir sin médico”, intentaban solucionar su dolencia con remedios caseros y sólo, cuando con ellos no lograban recuperar la salud, consideraban que había llegado la hora de buscar ayuda externa planteándose entonces dos opciones: ir al médico o al curandero. 

  Hoy día, yo pensaba que la opción de ir al curandero, como alternativa al médico, ya no era posible porque los primeros se habían extinguido, tal como ocurriera con los dinosaurios, pero esto no ha sido así. En pleno siglo XXI sigue habiendo curanderos, aunque han adoptado otros nombres y emplean otras formas y hasta otros medios para tratar a las personas que acuden a ellos, buscando aliviar sus males. 

   Si antiguamente la alternativa a medicina habitual la ofrecían los antiguos curanderos, actualmente la alternativa a la medicina convencional, es lo que se conoce como medicina alternativa en sus múltiples variantes (homeopatía, tratamiento con plantas, osteopatía, acupuntura, imposición de manos…), procedimientos terapéuticos que, aunque a veces pueden resultar beneficiosos, carecen de una base científica clara. 

  Emplear el término “medicina alternativa” no es correcto. Si una cosa es una alternativa a algo, en este caso a la medicina, no puede ser catalogada también como medicina –si una cosa es X, no puede ser una alternativa a X. O es medicina, o no es medicina- Es más apropiado hablar de métodos o prácticas alternativos / as a la medicina –ahora sí- que tienen como propósito curar o mejorar la salud de las personas, sin emplear medicamentos. Esto es, exactamente, lo que hacían los viejos curanderos; luego, a las personas que ejercen la “medicina alternativa”, por similitud, y sin afán alguno de menosprecio, no se me ocurre mejor nombre que catalogarlas como los nuevos curanderos

  Si alguien busca información sobre los “nuevos curanderos”, lo tiene fácil. Entra en internet, escribe en Google “medicina alternativa”, y obtiene 230.000.000 de resultados (20/2/2023) -pretender leerlos todos no es muy recomendable ya que, posiblemente, necesitara varias vidas para ello, sólo tenemos una y hay que aprovecharla de la mejor manera posible

 En cambio, si deseamos buscar información sobre los viejos curanderos, los genuinos…los de aquí; y escribimos en el mismo buscador la palabra “curanderos”, obtenemos 2.660.000 resultados (20/2/23) que, aunque no está nada mal, ni se le aproxima a la cifra anterior, porque no dejan de ser una cosa pasada. 

 Decir que en la actualidad ya no queda ningún curandero que emplee métodos tradicionales de tratamiento, es incorrecto…alguno queda; pero si queremos hablar con propiedad de ellos, de los viejos curanderos, la verdad es que debemos hacerlo en pasado. Estos curanderos, ¿Quiénes eran? ¿Cómo actuaban? ¿Curaban realmente enfermedades? ¿Eran sólo unos farsantes? 

 Del mismo modo que sucede con otras profesiones y actividades, no se puede generalizar, así que imagino que habría de todo: buenos, regulares, malos y pésimos profesionales, dentro del gremio. 

  Estos sanadores, mantuvieron una importante actividad hasta la segunda mitad del siglo pasado. A partir de entonces, los avances de la medicina y el fácil acceso a los servicios médicos hizo que su estrella comenzara a declinar rápidamente, disminuyendo progresivamente su número hasta llegar a la época actual, donde casi podemos darlos por desaparecidos. 

  Aunque en nuestra zona recibían el nombre de curanderos, en otros lados, además eran llamados sanadores, sabios, brujos o magos y, si nos salimos de nuestro país, encontramos su equivalencia en los chamanes, hechiceros y santeros de otras culturas. 

 El curandero era una persona, hombre o mujer, que sin ser tener estudios académicos, trataba enfermedades orgánicas, de la mente y hasta del espíritu, a través de diferentes medios que podían ser físicos como plantas, productos animales, manipulación directa con sus manos (cuando se trataba de dolores articulares o musculares), o mediante la palabra, pudiendo ésta ser empleada de forma aislada o ayudándose de la magia, invocando la ayuda de poderes sobrenaturales para lo que empleaban conjuros o rezos. 
  Existían también curanderos que empleaban lo que podríamos llamar una técnica mixta, usando de forma asociada ambas modalidades de tratamiento. 

  No se anunciaban en internet ni tenían páginas web, como sucede ahora, y tampoco ponían anuncios ofreciendo sus servicios en la prensa o la radio; el conocimiento que se tenía de ellos era a través de una publicidad directa, el clásico “boca a boca” de la gente, llegando los pacientes a ellos por recomendación de allegados: amigos, vecinos, familiares o paisanos que, a veces, con mayor o menor éxito -supongo que más mayor que menor, pues si no, no los recomendarían-, habían sido tratados previamente por ellos. 

  Sus clientes eran de toda condición; podríamos pensar que acudían a ellos, exclusivamente, gente de pocos recursos, porque ir al médico era más caro; pero eso no era así, su clientela también estaba compuesta por gente con buena posición económica. 

 En cuanto al nivel cultural, identificar a los pacientes de los curanderos con gente inculta está muy lejos de la realidad; un día fue visto en la consulta de un conocido curandero ¡un médico! El pobre, tenía hemorroides, le había indicado un cirujano la conveniencia de operarse de ellas y había ido a la consulta del curandero como última esperanza, a ver si este le proporcionaba un tratamiento para curarlas y evitar tener que operarse (no lo consiguió, todo hay que decirlo). 

 Aclaración: Aunque el médico renuente a ser operado no fui yo, confieso no haber sido del todo ajeno al asunto ya que fui quien le sugirió al compañero acudir a la consulta del curandero, “por si acaso”. Mis palabras fueron “no tienes nada que perder”. 

 El aprendizaje del oficio lo adquirían, habitualmente, por transmisión oral, de padres a hijos; o bien, empíricamente, con la práctica. A veces les había ocurrido algo, se lo habían tratado ellos mismos con algún remedio natural, habían tenido éxito con el tratamiento y decidían compartir las bondades del mismo con los demás, unas veces de forma altruista y otras no tanto. 

  En cuanto a los honorarios, habitualmente, no cobraban por sus servicios, aunque siempre había alguna excepción. En nuestro pueblo tuvimos una curandera que trataba los culebrones y tampoco cobraba, diciéndoles a la gente unas palabras muy bonitas cuando le pedían la cuenta por sus servicios: “Mi madre me enseñó a curar los culebrones para ayudar a la gente que lo necesitara, así que no puedo cobrar nada por esto”. 
 De todos modos, los pacientes que acudían a estos profesionales pagaban “la voluntad”, lo que ellos consideraran que merecía el curandero por el servicio prestado, unas veces en especie (huevos, chorizos, lomos…), y otras monetariamente. 

  Dentro del gremio, existían dos tipos de curanderos. a) Los que trataban problemas físicos u orgánicos, empleando sustancias de diverso tipo: hierbas medicinales en forma de poción, cremas, lociones, productos animales (tocino, parte de alguna víscera u órgano, orina -sí orina-, o bien interviniendo directamente aprovechando su destreza manual para tratar problemas reumáticos (aún podemos encontrar masajistas no diplomados que saben aliviar los dolores de espalda). 
 Como dato añadido, referir que un curandero, en un pueblo de Badajoz, trataba las lumbalgias quemando una zona de la oreja con un hierro candente. Tuve ocasión de conocer directamente a alguno de los afectados que habían recibido dicho tratamiento, no “al tratador”
   b) Los que trataban trastornos psicológicos y mentales.
 
  Dentro del primer grupo, mientras que unos trataban todo tipo de enfermedades, otros estaban especializados en curar algunas concretas. 
 
   Varios ejemplos de los tratamientos empleados eran los siguientes: 

  Para obtener éxito en el tratamiento de las verrugas, uno de estos curanderos exigía a los afectados lo siguiente a) El afectado debía tener fe y estar plenamente convencido de que se iba a curar. b) Frotar las verrugas con hojas de hierbabuena que debían enterrar después en una zona por la que no podía volver a pasar, hasta que hubiera sanado totalmente. 

 Sugerencia 
 La hierbabuena huele muy bien y el método es bastante inocuo como podemos ver; por lo tanto, si alguien tiene verrugas, pide consulta con el dermatólogo y esta tarda en verle, puede probar el tratamiento. Eso sí, es recomendable que entierre las hojas de hierbabuena en un sitio que suela frecuentar poco por si las verrugas se resisten a desaparecer y no puede volver a pasar por allí en mucho tiempo 

  Algunos curanderos/as que trataban culebrones: echaban unos polvos secretos sobre las vesículas o ulceraciones; estos polvos secretos, casi siempre era harina de centeno -ya se fastidió el secreto- a la vez que rezaban un conjuro: “culebrón, culebrón; yo te juro y te conjuro, no crezcas ni ennoblezcas, ni juntes cabeza y culo”. 
  El fin de este rezo era porque el culebrón (herpes zoster) sale con frecuencia en el tórax, ocupando casi siempre solo una raíz nerviosa, o sea que se extiende sólo en uno de los lados, desde la columna al esternón, siguiendo la línea de una costilla, sin sobrepasar la línea media. Se pensaba que si crecía y se extendía por el lado contralateral y se unían ambos, el afectado moría irremisiblemente estrangulado, de ahí la necesidad del conjuro, para que no llegaran a juntarse la cabeza y el rabo alrededor del pecho. 

 Sugerencia II 
 Si alguien tiene un herpes zoster, que acuda siempre y lo antes posible a su médico; hoy día existe un tratamiento médico eficaz para el mismo. Después, si quiere que las “fuerzas sobrenaturales” contribuyan a su curación y desea que se lo recen, esto que lo haga a posteriori (si hace falta hasta se lo rezo yo, pero que no deje de ir al médico). 

  La hiperhidrosis (sudoración excesiva de pies, con el mal olor correspondiente) -no olvidar que los calcetines de algunas personas que tienen este problema pueden ser armas letales- era y es un problema bastante común y muy desagradable para quien lo padece. 
  Había un curandero que proponía, para solucionar el problema, pisar unas cuantas ranas vivas porque las glándulas de su piel eran muy buenas para tratar este proceso (supongo que lavarse los pies con frecuencia también formaba parte del tratamiento). 
pixabay.com


Sugerencia III 
 Si alguien desea echar mano de este remedio, sólo puede hacerlo bajo prescripción médica, empleando únicamente una rana para cada pie y siempre debe tener a mano la indicación en papel con la firma del prescriptor, debido a que son animales protegidos. Aquellos que tengáis este problema y queráis emplear este tratamiento, debéis cazarlas a mano con sumo cuidado, os frotáis con ellas las plantas de los pies y después las devolvéis vivas a su charca ¡no se os ocurra pisarlas! Si pisáis a una persona, sabéis que no pasa nada; en cambio, si pisáis una rana, no sé la ley que os van a aplicar, pero seguro que os la cargáis. 

 Otros se especializaban en tratar la alopecia (caída del cabello). Cuando aún no había viajes a Turquía, ni Ronaldo había montado sus clínicas para implantar el cabello, los curanderos que trataban este tipo de problema tenían una numerosa clientela constituida, principalmente, por jóvenes varones desesperados al ver que se les caía el pelo prematuramente y que ligaban poco. 
 Un remedio recomendado, para evitar la caída del pelo, que llegó  a mis manos es la siguiente fórmula: romero, albahaca, abrótano macho, raíz de espliego, rosas de Alejandría, corteza de sauce y cabello de Venus (disolver 10 gr. de cada componente en 1 litro de aguardiente). 

  Si alguien aprecia que en su cabeza el cabello cada vez va siendo más escaso y desea probar la anterior fórmula para intentar evitar un implante de cabello y así ahorrarse una buena cantidad de dinero, siento desilusionarle. Le advierto que yo la usé y conseguí ahorrar…claro que sí, pero en peines. 

  Los anteriores, son unos ejemplos de los tratamientos que prescribían algunos curanderos que trataban sobre todo problemas físicos. 
 Al lado de este tipo de curanderos, estaban aquellos que trataban fundamentalmente trastornos psicológicos, mentales y hasta espirituales, ya que tenían un don especial para ello. Uno de estos curanderos, que llegó a ser muy famoso en su tiempo, fue el curandero de Coria