Una
historia, es una narración oral o escrita que está basada en hechos reales,
cosa bien distinta es que describa fielmente como acontecieron; en cambio, un
cuento narra hechos que son ficticios o imaginarios y, como podemos ver, la
diferencia entre ellos parece estar clara.
Al lado de los cuentos “de autor” como los
de los hermanos Grimm (Cenicienta, Blancanieves) o Christian Andersen (El Patito
Feo, La Sirenita) que son mundialmente conocidos, tenemos los cuentos tradicionales,
aquellos que, pasando de generación en generación, contaba la gente de cada
lugar y que, al contrario que los primeros, si hablamos de popularidad, a veces
incluso son desconocidos por los habitantes de los pueblos o aldeas de donde son
originarios.
Como ejemplo de leyendas, tenemos la del rey
Arturo y los caballeros de la Tabla Redonda, o la leyenda de la Cueva de
Salamanca que nos pilla más cerca, en la que propio diablo aparecía dando
clases de ciencias ocultas (magia y adivinación), en la que conviven una
ficción (el propio diablo dando clases), y una realidad (la cueva existe y todo
aquel que lo desee puede visitarla).
En mi época
de estudiante, cuando llegaban las vacaciones, durante una temporada me dediqué
a indagar sobre las tradiciones y costumbres de nuestra comarca, especialmente sobre
nuestro folklore; en un momento dado me interesé por los cuentos tradicionales y
eso supuso para mí un auténtico descubrimiento debido a la gran variedad y
abundancia de los mismos, siendo posible todo ello gracias a los magníficos
informantes que tuve. El procedimiento que seguía era el siguiente:
Quedaba con ellos por las tardes, procurado que estuvieran libres de sus tareas habituales; tomaba nota de todo, o lo grababa con un radiocasete, que era lo que había entonces y todo iba muy bien.
Tras llevar
una temporada escuchando a unos y otros contar “cuentos”, me di cuenta que entremezclaban
narraciones de todo tipo: historias, cuentos, leyendas, mitos, fábulas, chascarrillos,
chistes…, y que, a medida que pasaba el tiempo, la cosa empezó a ser poco
productiva debido a que algunos informantes sólo recordaban los cuentos más populares
que ya eran conocidos por mí, por haberlos oído anteriormente a otras personas.
Como mi pretensión era descubrir material nuevo,
para evitar que me repitieran lo mismo una y otra vez, acabé siendo yo quien guiaba
las entrevistas, sugiriendo el tema a tratar en cada ocasión.
Una tarde me encontraba con un paisano de
Barrueco y hablábamos del tema de “los asustaniños”, unos seres mitológicos
populares creados para asustar a los niños, con el objetivo de evitar que incurrieran
en actitudes incorrectas o bien que se expusieran a algún peligro.
Le pregunté si conocía a la Fiera
Corrupia, un animal fantástico que se comía a los niños si salían
al campo solos, y respondió que sí; después le pregunté si conocía a la Marimanta,
otro animal mítico que vivía en los pozos y agarraba por los pelos a los niños,
si se asomaban a ellos, arrastrándolos al interior, respondiendo también
afirmativamente y continuó diciendo:
- De otros animales no
recuerdo nada.
- ¿Y algún vampiro u
hombre lobo? Insistí yo.
- De eso tampoco oí
hablar nunca a mis padres.
Tras
mi tentativa fallida, de intentar descubrir algún otro animal fantástico, decidí
no darme aún por vencido y seguí insistiendo:
- Para evitar que
los niños fueran al río, aprovechando que allí hay una colonia de buitres, ¿Os
amenazaron alguna vez con que un buitre o algún otro pájaro gigante, os podía llevar
volando?
Mi
interlocutor se tomó un tiempo antes de responder:
- Para que no
fuésemos al río, no nos amenazaban con pájaro alguno, nos decían que allí había
una serpiente enorme que se comía a los niños; pero como el río queda muy
lejos, allí nunca íbamos solos, así que la pobre debía pasar mucha hambre. Bromeó
él.
Sin embargo -continuó
diciendo-, estoy recordando algo que a lo mejor te sirve. Se trata de un pajarón, aunque nunca oí decir que sirviera para asustar a los niños; de todos modos, puedes
preguntarle a su dueño por él.
- ¡Estás diciendo
que hay un pajarón y que encima tiene dueño! Exclamé muy sorprendido.
- Estoy hablando del “pajarón del tío Adolfo”, pero no te vayas a confundir con eso. Si a un hombre se le olvida subir la cremallera del pantalón y queda la bragueta abierta, a veces, cuando alguien lo ve, le avisa de ello con una indirecta, para que se la suba, diciéndole: - Se te va a enfriar el pajarito. A ver si vas a pensar que ese hombre lo tenía enorme y en vez de pajarito lo que tenía era un pajarón... no se trata de eso; me refiero a que, en uno de sus prados, hay un edificio que es conocido por todos como “el Pajarón”.
A lo mejor han tenido allí, alguna vez, encerrado un pájaro de gran tamaño y de ahí le viene el nombre; el tío Adolfo murió hace bastantes años, pero puedes preguntarle al hijo si eso tiene alguna relación con lo que tú andas buscando.
Valorando la posibilidad de que el edificio que indicaba mi informante, alguna vez hubiera albergado un pájaro de gran tamaño, ello me obligó a reconsiderar la cuestión. No estaba ante un mito, leyenda o cuento, sino una historia, algo que, aunque hubiera sucedido tiempo atrás, era real y por lo tanto me olvidé del Ave Fénix, del Alicanto, de Quetzal y resto de aves míticas.
Si el pájaro era de gran tamaño, pensé en la posibilidad de que se hubiera tratado de una avutarda, que es el ave de mayor tamaño que habita en la península (aunque en algunos lugares de España hay
![]() |
| SEOBirlife (Avutarda) |
granjas de avestruces, en Barrueco hasta ahora nunca ha sucedido tal cosa) pero no encontraba explicación alguna de porqué habían podido tener un pobre pájaro encerrado y con qué fin.
Aquella misma tarde me acerqué a su casa con tan
buena suerte que lo encontré allí, ya que acababa de regresar del campo. Era un
hombre muy agradable a quien conocía bien y, cuando le dije que el motivo de mi
visita era porque buscaba información sobre el pajarón deseando saber si guardaba
relación con algún pájaro grande que hubiera tenido allí encerrado alguna vez
su padre, comenzó a reír con ganas. Al ver su reacción, ante mi pregunta, intuí
que la teoría del pájaro misterioso “hacía aguas” por algún lado.
Si ya había descartado de antemano lo del
pájaro mítico pensando que, el trasfondo de la cuestión, pasaba por una historia
relacionada con un pájaro de carne y hueso de gran tamaño, al ver cómo se reía aquel
hombre, empecé a sospechar que por ahí tampoco iba el asunto y, lo que era aún
peor, además tuve la sensación de que el ridículo sobre volaba sobre nuestras
cabezas, estaba a punto de caer sobre uno de los dos, y yo tenía todas las papeletas aquel día.
-
¡Verás! Empezó a decir cuando se calmó. Ese
edificio lo mandó hacer mi padre y yo, desde que era niño, siempre lo he
conocido como “el Pajarón”.
Ahora en algunas fincas, para alimentar los
animales cuando no hay hierba, en las naves o cabañales se almacenan pacas de
heno o paja; pero antes, tanto el heno como la paja, se almacenaban sueltos y
no en pacas. Al sitio donde se guardaba el heno, lo llamábamos henar y, donde se
guardaba la paja, lo llamábamos pajar.
A ese
edificio lo llamamos así, simplemente, por el tamaño. Como es grande, en vez de
decir que es un pajar, siempre lo hemos llamado pajarón; el nombre está
relacionado con la paja no con pájaro alguno.
A medida que escuchaba sus palabras, me
reproché a mí mismo haber relacionado, desde el primer momento, el nombre de
pajarón, exclusivamente, con el mundo de las aves sin valorar que, además, el
edificio del que hablábamos, también podía ser un pajar que no guardaba relación
con pájaro alguno, ya fuera mítico o sin mitificar.
Además, pude sentir cómo el ridículo ya no
sobrevolaba sobre nosotros, había caído pesadamente sobre mí.
b) Lo fácil que resulta a veces hacer el ridículo, aún sin proponérnoslo; aunque, pensándolo bien, si no lo hiciéramos nunca, la vida sería muy aburrida ¿no os parece? Eso sí…tampoco hay que abusar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario