sábado, 29 de junio de 2024

Las Janas




  El agua es un elemento esencial para la vida de los seres vivos, ya que constituye una parte muy importante de nuestra estructura corporal (unas dos terceras partes de nuestro organismo son agua) e interviene prácticamente en todos los procesos fisiológicos: digestión, circulación, respiración… 

  Mientras que un camello -de los del desierto, no de los otros- puede tirarse hasta 10 días sin beber agua y un pez lo tiene mucho peor, ya que fuera de este elemento muere en unos minutos, los humanos, en este aspecto, nos situamos en una situación intermedia. 
  Aunque hay experiencias que es mejor prescindir de ellas y lo ideal es no verse obligados a comprobarlo personalmente, se sabe que un hombre o mujer, que no beba nada de agua, puede sobrevivir, como mucho, tres o cuatro días. 

  Una vez leí en una camiseta, un eslogan pseudo ecologista cuyo mensaje era “Ahorremos agua, bebamos cerveza”. Si consideramos que la cerveza está compuesta en un 90% de agua, pretender ahorrar agua, de este modo, no parece una buena solución.
 Si lo indicado es que una persona adulta beba al día entre 2-3 litros de agua -ocho vasos es la típica recomendación que se hace- y, en vez de ello, decide trasegarse en un día esa cantidad de cerveza en vez de agua, para mantenerse bien hidratado, aparte de que el cambio iba resultarle más costoso económicamente, también sería menos saludable. 
  Solución: bebamos ambas cosas (que predomine el consumo de una o la otra, queda al criterio de cada uno). 

 En cierta ocasión, conocí a un cura que llevaba más de 20 años de párroco en un pueblo y presumía de no haber probado aún el agua de aquel lugar; el hombre nos aclaraba a todos que eso había sido posible porque, en vez de agua, bebía vino, con lo cual daba a entender que tomaba dos tipos de vino: el bendecido en misa, que supongo sería poco, y una porción mucho más generosa de vino no bendecido cuando estaba “fuera de servicio”. 
  La conversación con el cura discurrió ¡como no!, en uno de los bares del pueblo y no, precisamente, en la fuente pública, aquel día me pilló inspirado y le respondí así: 

- Mire don Emilio -lo del “don” fue debido a que el hombre era bastante más viejo que yo y también a que entonces todos los curas tenían ese reconocimiento; en cuanto a lo de Emilio…pues porque se llamaba así- . Aunque sea sin querer, seguí diciendo, usted bebe agua todos los días como los demás y le voy a dar dos razones 

   a) El vino, normalmente, se compone principalmente de agua (un 85%) y a ello hay que sumar el agua que le echa el tabernero (entonces, los dueños de los bares compraban el vino en garrafas… a granel y emulando a Jesucristo en la boda de Caná, cuando convirtió el agua en vino, muchos de ellos, si a cuatro garrafas le añadían agua, lograban así tener cinco, pero de vino bautizado. Eso, evidentemente, no era un milagro como el de Jesús, sino una autentica estafa)
 
  b) Además, ¿en la consagración no se bendice también el agua y se bebe después… aunque sea poca? 

   El cura me miró con algo de resentimiento, por intentar desengañarle de su guerra particular contra el agua e incluso se enfadó un poco conmigo, pero quien más lo hizo fue el dueño del bar ya que, a partir de aquel día, el párroco que era un buen cliente del establecimiento, ya no aceptaba el vino a granel de Toledo, que le servía habitualmente, y pasó a exigirle que fuera embotellado, fuese o no fuese de Toledo. 

                                                                   ---------------------------

  Antiguamente, nuestros antepasados mas remotos, no comprendían los fenómenos naturales y vivían en un mundo mágico; pensaban que tanto sus vidas como todo lo que sucedía a su alrededor era regido por fuerzas ocultas o poderes superiores, tanto benignos como malignos, que eran los dioses. 

 Entonces, había muchos dioses…, para dar y regalar como se dice vulgarmente; cada civilización tenía los suyos siendo estos especialmente abundantes en la mitología griega; los clásicos griegos disponían de distintos grados y categorías de dioses y diosas ( como podemos ver, en el mundo grecolatino, a nivel divino, sí existía la igualdad de genero; en cambio, en otras religiones ni ha existido, ni se le espera). 

 Entre sus deidades menores estaban las ninfas, las diosas de la naturaleza, que personificaban los elementos que componen el mundo natural, siendo consideradas por ellos una especie de guardianas de lugares específicos; así, las Nereidas eran las ninfas del mar Mediterráneo; las Dríades lo eran de los bosques; las Oréades de las grutas y las montañas… 

 Dentro de esta larga lista de ninfas, encontramos las náyades que eran las protectoras de las pequeñas masas de agua dulce: manantiales, fuentes, pozos, ríos, arroyos, lagos… 

  Los vetones, una tribu celta que ocupó nuestro territorio; también tenían una diosa para los asuntos del agua, encargada de proteger los manantiales para que manaran y no se secaran, esta era Coventina, y como diosa que era, le hacían ofrendas. 
  Tengo la sensación de que cuando mas ofrendas recibía era en épocas de sequia, cuando escaseaba el agua. 

  Después de los celtas, llegaron a nuestra comarca los romanos; estos ocuparon toda al península, con nuestra comarca incluida, y con ellos trajeron sus dioses. 
  Los religión romana, igual que la griega, también era politeísta y tenían una caterva de dioses;  muchos, los más populares, se los habían copiado a los griegos, aunque les cambiaron el nombre: Poseidón paso a ser Neptuno, Zeus pasó a ser Júpiter; Afrodita...Venus; Atenea... Minerva y así sucesivamente. 
 
  En lo que respecta a las náyades griegas, estas fueron adoptadas por los romanos, conservando el mismo nombre y “oficio” , ya que siguieron siendo las ninfas protectoras de las fuentes. 
 Los romanos, que eran muy buenos arquitectos, construyeron unas magníficas fuentes de piedra allí donde encontraban buenos manantiales, y algunas de ellas, a pesar del tiempo, aún se conservan como el primer día. 

 Como ya indiqué anteriormente, cuando los romanos llegaron a España trajeron a sus dioses con ellos y en lo que respecta al agua dulce: fuentes, manantiales, arroyos y ríos, decidieron jubilar a la diosa celta Coventina, pasando a ser asumidas sus funciones, como protectoras del agua dulce, por las náyades.
 
 A estas últimas, las presenta la mitología como mujeres jóvenes de extraordinaria belleza, con largas melenas rubias y ojos verdes; en cuanto al resto de su estructura corporal, para describirlo sin herir susceptibilidades, diré simplemente que eran guapas “desde arriba hasta abajo”. 
 Aunque no eran inmortales, tenían una gran longevidad manteniéndose siempre jóvenes a lo largo de su larga existencia  ¡ya nos gustaría a los humanos que sucediera lo mismo con nosotros!. Vivir muchos años pero disfrutando de una permanente juventud, sin tener que soportar nunca los achaques propios de la vejez.

  La relación de los humanos con las náyades era bastante compleja, lo que quiere decir que a veces era buena y otras no lo era tanto. 
 
  El lado bueno era evidente, ya que eran seres benefactores que protegían las fuentes y manantiales, procurando que no se secaran y fluyera un agua clara y cristalina, apta para beber; además de ello, había algunas fuentes cuyas aguas tenían poderes curativos para aquellos que bebieran o se bañaran en sus aguas, siendo ese el origen de los balnearios. 

  Si lo anterior era la parte positiva de las náyades, también tenían su lado gamberro. Cuando una náyade cantaba, si algún hombre pasaba por allí y oía su voz, una fuerza irresistible hacía que se sintiese atraído hacia ella, quedando hipnotizado tanto por su voz como por su belleza. Entonces, ella,  como se hacía visibles e invisible a voluntad; desaparecía de la vista del admirador, este con frecuencia se metía sin dudarlo en la fuente o rio correspondiente, intentando encontrarla y a veces aparecía ahogado (eso si que es morir de amor y no lo que a veces dicen algunos/as)

   Durante el día, generalmente, no era posible verlas ya que generalmente aprovechaban la noche para  para hacerse visibles, siendo una de sus actividades preferidas peinar sus largas cabelleras con peines de oro; al llegar las primeras luces día desaparecían. 
  Existía la teoría de que, durante el día, vivían en unas moradas subterráneas, lo cual es improbable; no olvidemos que eran diosas y se hacían visibles o invisibles a los demás, simplemente, cuando lo desearan; no tenían necesidad alguna de estar encerradas en sitio alguno durante el día. 
  Por ello, cuando alguien pretendía sorprenderlas, la mejor hora para ello era al alba, antes de que se hicieran invisibles.  . 

  Aunque cada fuente o rio tenía su propia náyade, en determinados lugares podía haber más de una;  cuando algún hombre se acercaba y las espiaba, automáticamente quedaba prendado de su belleza y , seguramente, hasta de su peine - no olvidar que era de oro- ; cuando ellas se daban cuenta de que estaban siendo observadas, llamaban al fisgón de turno invitándole a acercarse y este, al oír su voz, quedaba, irremisiblemente, hechizado. Se ponía muy contento pensando que aquel era su día de suerte, por haber encontrado un buen plan, se sentía atraído hacia la náyade por una fuerza irresistible y, sin darse cuenta, así era como caía al pozo, fuente o río ganándose un buen remojón o incluso muriendo ahogado.

 Como en esta vida nada es permanente, una vez que desapareció el imperio romano, fueron los visigodos quienes se asentaron en la península; las náyades, en cambio,  al ser  seres mitológicos, ese cambio no les afectó para nada, y siguieron por aquí, cada una en su fuente. 
  Después de los visigodos llegaron los moros y permanecieron por aquí una buena temporada hasta que fueron expulsados por los cristianos –¡como cambian los tiempos!, en 1942, los últimos de ellos cruzaron en patera el estrecho de Gibraltar, camino de África, y ahora sucede todo lo contrario- 

 Estos, cuando se marcharon, nos dejaron leyendas de amores imposibles: moritas enamoradas de capitanes cristianos, así como de tesoros escondidas en cuevas custodiados por una morita, pero ¿ qué había pasado hasta entonces con las náyades? 

   En noroeste de la península: Galicia, Asturias, Cantabria, Palencia, el Reino de León ( León, Zamora y Salamanca) que ahora está de moda, y norte de Portugal, éstos seres mitológicos no habían desaparecido ni habían cambiado de “profesión”, simplemente, habían cambiado de nombre. 
 En Galicia y Asturias pasaron a ser llamadas Xanas, mientras que en el resto de las zonas antes indicadas, donde se incluye nuestra comarca, son conocidas por Janas, siendo bastante abundantes tanto los relatos como los topónimos que aluden a ellas.


 Las Janas, protectoras de las fuentes, manantiales y corrientes de agua, no son otra cosa que las antiguas náyades grecorromanas. Nosotros, al contrario que los romanos, si les hemos cambiado el nombre. 

 En el mes de mayo pasado,  estuve en Saucelle,  concretamente en “Las Janas”. Se trata de un paraje que está muy próximo al pueblo y es de fácil acceso, tanto caminando como en coche: Una vez llegas hasta allí, te encuentras ante un paisaje espectacular. 
  
  Desde Las Janas pueden admirarse los impresionantes arribes del Huebra y del Camaces, así como los propios ríos, con la desembocadura del segundo en el primero. Si. además es una primavera tan florida como la de este año y hubiera que emplear una sola palabra para describir todo aquello, solo se me ocurre: fantástico. 


  Hay paisajes que cuando los ves, es tanta la belleza que atesoran que te impresionan enormemente y hasta sobrecoge su grandiosidad, son auténticos rincones mágicos y ese lugar, indudablemente, es uno de ellos. 

   Era media tarde y por lo tanto el momento no era el más adecuado para poder ver a Las Janas “peinando sus largas cabelleras rubias con peines de oro”; pero, aunque no las vi, estoy seguro que estaban por allí. 
  Si hablamos de Janas en plural, es porque allí hay dos La Jana protectora del Huebra y la Jana protectora del Camaces.

miércoles, 1 de mayo de 2024

Teología para niños ( El desenlace)

 

  En el siglo XVII, tener deudas con un alma del purgatorio preocupaba mucho a nuestros paisanos; era una creencia general que, cuando alguien fallecía y había dejado algún asunto pendiente en vida –alguien le debía algo- su ánima podía volver a este mundo a pedir explicaciones al deudor y, si estaba muy enfadaba, incluso se lo llevaba con ella y los suyos no volvían a volver a saber más del mismo. (Esto solo era una creencia de entonces, la realidad nos dice que, entonces y ahora, si alguien desaparece es por causas muy distintas; recordad que algunos, en su día, salieron a comprar tabaco, aunque no fumaban, y no volvieron).  

 

  Cuando el capellán expresó a la mujer de Regino su convencimiento de que el ánima de Alonso deambulaba por las calles de Barrueco, la noche de los lunes, la noticia se extendió por el pueblo como un reguero de pólvora y al mediodía de aquel martes nuestros paisanos: niños, jóvenes, adultos y viejos…, todos, sin excepción, conocían la noticia y sabían que todo era debido a la obcecación de Agripino en no pagar la renta al cura, lo que había conllevado a que este hubiera dejado de decir a Alonso las misas apalabradas, para que pudiera abandonar el purgatorio y alcanzar el cielo.

   (Aclaración: Agripino, era conocido entre la vecindad por el apodo de “el agarrao”, supongo que es innecesario explicar el motivo).

   Durante el resto de la semana, aquel fue el asunto más comentado en los mentideros: barberías, tiendas, panaderías y ¡cómo no!, a la salida de las misas, que entonces eran diarias.  

  Eso de que el ánima de Alonso, las noches de los lunes, se paseara con un cirio en la mano, por las calles del pueblo, era algo que aterrorizaba a la feligresía, especialmente a las mujeres.

   Cuando llegó el sábado, a la salida de misa, con el lunes a tan solo dos días vista, un grupo de ellas fue a ver a Agripino para pedirle que pagara de una vez su deuda y así el alma de Alonso descansara tranquila.

  Este hombre…, “el agarrao”, superaba los cuarenta y era lo que hoy se conoce como un single, lo que trasladado a su época significa que era un solterón, porque ninguna lo quería.

  Una persona puede permanecer soltero/a por voluntad propia, aunque lo habitual es que permanezca en este estado porque no ha encontrado su media naranja por diversas razones – algunos/as, buscando una media naranja, lo que encuentran es un medio limón, todo sea dicho-; y el hándicap de Agripino era el ser un tacaño, así que, con este atributo, no era un buen candidato para encontrar una enamorada.

  Aunque no era excesivamente atractivo, tampoco es que fuera feo; además, se comunicaba bastante bien con los demás, pero en lo tocante al dinero… Hay algunas personas tan agarradas que, si te saludan dándote la mano, es recomendable después que te cuentes los dedos por si te falta alguno y él era así.

  Entonces, como aún no existía la Genética como ciencia, no se hacían estudios genéticos; no obstante, el escribiente del concejo de aquella época - el equivalente al secretario del ayuntamiento actual- ya dejó escrito entonces, en las crónicas de Barrueco que, si en el futuro, un día, llegaba a descubrirse algún gen relacionado con la usura, ya por entonces (siglo XVII), había un hombre llamado Agripino sospechoso de tenerlo.

  Cuando una de las mujeres del grupo llamó a la puerta y Agripino abrió y las vio mirándole, le dio un vuelco el corazón; era la primera vez en su vida que doce ojos femeninos estaban observandole con atención -como eran seis mujeres, los ojos eran doce, a condición que ninguna fuera tuerta-.

  A él, un mozo viejo, a quien no le prestaba atención ninguna mujer del lugar, ver a seis damas a su puerta mirándole con tanta atención, le hizo pensar que el motivo de su visita era algo serio.

  Entre ellas, había una viuda joven de buen ver y, cuando la vio, tuvo un momento de ensoñación pasajera ¿Y si entre todas habían decidido buscarle una pareja a la viuda y como primera posibilidad habían pensado en él?

  Esta fugaz alucinación desapareció súbitamente al saber que el objeto de la visita no era amoroso, sino de índole económica -su punto débil-. Cuando le dijeron que el fin de la visita era para exigirle que, por una vez, dejara de ser tan tacaño y pagara la deuda contraída con la parroquia, se sintió muy ofendido.

 

  Si en vez de seis, hubiera ido solo una mujer, seguramente le hubiera dicho que ¡verdes las han segado!, pero eran media docena, se achantó un poco e intentó quedar bien afirmando que ya pagaría la renta de la capellanía de Alonso…, pero sin fijar fecha.">

   Ellas, conociendo cómo era el personaje y su trayectoria vital, le exigieron que jurara solemnemente que lo iba a hacer antes de la mañana del lunes, y, como se negara a ello, empezaron a oírse insultos hacia su persona, a los que no hizo caso alguno; de todos ellos, solo guardó recuerdo del que le dirigió la viuda:

  - ¡Ojalá, cuando venga el ánima de Alonso, te lleve con él!

  El día siguiente era domingo y por lo tanto “fiesta de guardar”; entonces, al contrario que ahora, nadie faltaba a misa, ese era un hecho muy grave. La gente vivía convencida que aquellos que no iban a misa, tenían asegurado un billete, en Clase Turista Premium, para el infierno.

  Aquella mañana dominical, Agripino tenía ante sí un dilema. Sabía de la hostilidad de las mujeres hacia él, e ir a la iglesia suponía encontrarse no solo con media docena, como el día anterior, sino con varias docenas. Llegó incluso a valorar la posibilidad de no acudir a misa, pero desechó rápidamente la idea pues era mayor el temor a ir al infierno con el diablo, que a la iglesia y verse con los paisanos.

  Se puso la ropa de los domingos y acabó yendo a misa a cumplir con el precepto, como Dios manda; pero tenía pensado realizar una maniobra que le ayudaría a salvar la situación.

  Llegaría más tarde que los demás, entraría el último en la iglesia; permanecería cerca de la puerta del templo y, cuando acabara la misa, saldría el primero evitando, de este modo, tener algún encontronazo indeseado; con lo que no contaba era que había llovido los días previos y...

   Al llegar a la iglesia, la puerta no estaba totalmente cerrada debido a que no encajaba bien en el marco, ya que, al ser de madera, estaba algo hinchada. Él, una vez que entró, la cerró con fuerza dejándola bien encajada en el marco y esa fue su perdición.

  Cuando el cura finalizó la misa, se dirigió a toda prisa a la puerta del templo para salir el primero y, al intentar abrirla tirando fuertemente del agarradero le fue imposible conseguirlo; no había forma humana de abrirla a pesar de los enormes esfuerzos que hizo.  

  Dos hombres tuvieron que ayudarle, tirando los tres con fuerza del tirador de la puerta, para conseguir abrirla, tras un

enorme esfuerzo; uno de los dos era, precisamente, Regino que comentó muy serio:

- ¡Mira “Agarrao” !, aquí están pasando cosas muy raras; el ánima de Alonso ya te persigue hasta en la iglesia; esto que ha pasado no es normal; estoy seguro que había algo tirando de la puerta desde, fuera para que no se abriera; un día alguien va a tener un percance por tu culpa.

  Si te pasara algo a ti, estoy seguro que no nos íbamos a disgustar ninguno, porque has sido tú quien se lo ha buscado, pero como le pase algo a algún familiar mío, quien va ir a buscarte a tu casa seré yo, no un alma en pena.

 - Más vale que pagues a la parroquia lo que debes, por el bien de todos. Apostilló Pelayo, que era el otro hombre, que había ayudado a abrir la puerta.

-  Yo pienso pagar ¿acaso he dicho que no voy a hacerlo?

 Pelayo le miro muy serio y respondió:

-  El mes pasado te vendí una cantara de vino y todavía estoy esperando que me la pagues. Aunque más tonto fui yo por vendértela, sabiendo cómo eres.

- ¡Pelayo…despídete del dinero!, dijo Regino-  Mañana es lunes y como el “agarrao” no pague hoy la renta al capellán y no le diga la misa a Alonso, seguro que viene a buscarlo.

  Las personas que tienen la conciencia tranquila y no deben nada a nadie, miran a la gente de frente, como debe ser; pero Agripino no la tenía tan tranquila, pues tenía deudas hasta con un difunto y miraba hacia el suelo todo el rato, evitando la mirada de los dos paisanos que le hablaban.

  Aunque la puerta ya estaba abierta, aún permanecían todos dentro de la iglesia y, cuando alzó la vista, se dio cuenta que alrededor de los tres había un montón de personas escuchando atentamente la conversación que mantenían y eso le puso muy nervioso

- ¡¡¡ No me miréis así…, pienso pagar !!!, dijo casi gritando.

  Salió precipitadamente del templo,alejándose de allí a toda prisa refunfuñando y llegó a su casa muy enfadado, maldiciendo lo ocurrido. Había ido a misa, intentando pasar desapercibido y había sucedido todo lo contrario: se había convertido en el protagonista absoluto.

   Estaba sentado en un escaño de la cocina y sonaron unos golpes en la puerta de la calle; pero, como no estaba de humor para hablar con nadie, no contestó; aunque no le sirvió de nada pues sintió que alguien abría la puerta desde fuera y entraba en la casa.

  Oyó unos pasos acercarse y una mujer entró hasta en la cocina, donde se encontraba digiriendo su mal humor. Era su hermana, algo más joven que él y también soltera, que vivía en la casa de al lado… puerta con puerta.

- ¡Mira hermano! Tienes que pagarle al cura la renta de la capellanía ¡sin falta! Y mejor que sea hoy para que mañana diga la misa por Alonso. La gente está atemorizada y un día vas a tener un disgusto serio con alguien.

 Él la observaba pensativo escuchando lo que decía y contestó:

 - Regino dijo en la iglesia, que la puerta no se abría porque, mientras nosotros tirábamos de ella hacia adentro, había algo que tiraba hacia afuera porque sabía que era yo quien quería salir.

   La gente dice que los fantasmas solo se ven de noche, y que de día no se ven; pero en algún sitio tendrán que estar de día ¿no te parece? ¿Tú crees que ha podido ser el ánima de Alonso?

- No seas tonto, la puerta esta húmeda por la lluvia, se ha hinchado la madera y estaba muy encajada. Las ánimas del purgatorio no andan de día por ahí.

- ¿Y de noche? insistió el hermano.

- Eso ya no lo sé. Genoveva y Regino contaron que vieron un cirio caminando solo en la oscuridad y que solo podía tratarse de un espanto; como las dos veces fue la noche de un lunes, por eso todos creen que es el ánima de Alonso.

  Mañana es lunes y te repito que la gente está asustada, así que paga ya de una vez la renta de la capellanía y así todos dejarán de creer que, la noche de los lunes, el ánima de Alonso se pasea por las calles del pueblo.

- Veo que tú también crees que lo del anima es verdad..., pues yo no acabo de creerlo, dijo el hermano.

- ¡Mira, Agripino!, de lo único que estoy segura es que te llaman el “Agarrao” y con razón ¡hay que ver lo que te cuesta pagar las cosas!

   En cuanto al ánima, no sé qué decir, pero como no pagues; mañana por la noche, me encierro en casa, cando la puerta por dentro y no la vuelvo a abrir hasta la mañana del martes por si acaso, no sea que, como los dos vivimos “pegando”, venga a llevarte a ti, se equivoque de puerta y me lleve a mí.

- Entonces... crees o no crees que las ánimas pueden volver del purgatorio, insistió el hermano.

- ¡¡¡Da igual lo que yo crea o deje de creer!!!, lo que no da igual es que todo esto está pasando por tu culpa, así que paga de una vez para que todos podamos dormir tranquilos los lunes.

   Anatole France, un escritor francés, dijo: "Aunque cincuenta millones de personas crean una tontería, sigue siendo una tontería

   Si Agripino hubiera leído a Anatole, seguramente hubiera pensado lo mismo que él, ya que no creía en las ánimas viajeras que salen y entran del purgatorio a su libre albedrío, regresando al mundo de los vivos cuando les apetece, pero el resto de los paisanos sí creía en ello y eso se había convertido en un problema para él ya que tenía a todo el pueblo en contra suya

  Si eso no fuera aún suficiente, acababa de recibir un rapapolvo de su hermana que era su vecina más inmediata y no quería indisponerse con ella

  Estuvo meditando sobre el asunto un buen rato y aquella misma tarde, con gran dolor de su corazón, - y sobre todo de su cartera -, por fin pagó la deuda que mantenía con el cura, para que éste le dijera las misas correspondientes a Alonso, su ánima descansara en paz y así dejara de asustar a los vecinos del pueblo.   

  Actualmente, cuando pretendemos conocer las previsiones del tiempo, echamos mano del móvil o vemos la televisión; pero antes, cuando no existía esta posibilidad, la gente del campo solía hacerlo oteando el estado del cielo: las estrellas, la luna, la presencia de nubes, el comportamiento de los animales…

  La noche del lunes, Agripino, antes de acostarse, salió un momento a la puerta de la calle para hacerse una idea del tiempo, viendo el estado del cielo; pero la noche estaba muy oscura porque estaba nublado y, como la luna no podía iluminar las calles del pueblo, aquella noche se hallaban sumidas en la más absoluta oscuridad.

  Con lo que no contaba, al abrir la puerta de la calle, era que, en frente de su casa, a muy corta distancia, había una luz en el medio de la calle: era un cirio sujeto por una mano y no se veía nada más.

   Era la misma luz misteriosa, que habían visto, anteriormente, Genoveva y Regino en su día, de cuya existencia había mantenido serias dudas; unas dudas que se disiparon súbitamente cuando la vio.

  Recordó que era la noche del lunes y sintió que hasta se le erizaba el vello de los brazos, de pavor.

 - ¡¡¡Alonso!!! ¡¡¡Qué ya he pagado la renta!!! ¡¡¡no me lleves!!! ¡¡¡Si hace falta le pago al cura una misa más por ti!!!  ¡¡¡Por favor…no me lleves!!!

   Para alguien tan rácano como él, el ofrecimiento de a pagar una misa puede darnos una idea del pánico que le embargaba en ese momento.

   Nadie sabe si las ánimas del purgatorio hablan, ni en qué idioma lo hacen; pero lo cierto es que aquella que tenía delante lo hizo y en español, con una voz de ultratumba –así al menos le pareció a él- diciéndole.

- ¡Una es poco... tienes que pagar dos!

  Lo que ocurrió a continuación, no sabemos si fue debido al terror que sentía, convencido de que el ánima había venido para llevarle al otro mundo, o a la impresión de tener que pagar dos misas, con el correspondiente desembolso que ello suponía. F

 Fuera por una u otra causa, estaba tan atemorizado que su cuerpo ya no aguantó más. Sintió que empezaban a zumbarle los oídos; las piernas le flaquearon y perdió la conciencia cayendo al suelo.

  Cuando recuperó el conocimiento, estaba en su cama, había una vela encendida en la mesilla iluminando el dormitorio y su hermana en pie, le estaba mirando

- ¿Estoy vivo...?  ¡Marina...! ¿estoy vivo...?

- ¡No digas idioteces! Cómo no vas a estar vivo, si estás hablando.

- ¡¡He visto el ánima de Alonso...!! ¡Pasaba delante de la puerta...! ¡Menos mal que pagué la renta ayer tarde... porque si no me lleva con él!

La hermana en vez de mostrar curiosidad o extrañeza, que hubiera sido lo habitual, muy tranquila dijo:

- ¡Vale... vale! ¿Tú estás bien?

- Me duele mucho el lado derecho del cuerpo, debo haberme caído hacia este lado. Lo último que recuerdo es que me habló el ánima de Alonso, después ya no me acuerdo de nada.

- Te desmayaste y caíste al suelo. Desde mi casa oí voces en la calle, reconocí la tuya, salí a ver qué pasaba y estabas en el suelo.

- ¿Viste también el ánima?

La hermana dudó un momento antes de contestar

- Claro que la vi.

- Y quien me ha traído a la cama desde la calle, ¿tú sola has podido conmigo?

- No, me ha ayudado el ánima, yo sola no puedo contigo.

 Agripino, miró a Marina atónito, al oír lo que decía

- No entiendo nada, ¡cómo te va ayudar el ánima de Alonso a traerme a la cama!

- Mañana te lo explico despacio porque es largo de contar; ahora descansa y duérmete. Además de ayudarme, hablé con el ánima y te voy a dar una buena noticia; ya verás lo bien que vas a dormir cuando la conozcas...no vas a tener que volver a pagar la renta de la capellanía, si cumples una condición

- ¡Lo que sea necesario!, contestó inmediatamente el hermano, sin dudarlo un momento.

Agripino, con tal de no soltar dinero estaba dispuesto a cualquier cosa.

- La condición es muy simple, no puedes hablar a nadie de lo que acaba de pasar...¡a nadie!

- ¿Por qué no puedo contarlo?

- ¿Quieres o no quieres volver a pagar la renta de la capellanía?

- ¡Nooo! ¡Cómo voy a querer pagarla!

- Pues entonces está todo dicho, así que no preguntes más.

 

Nota aclaratoria

* El capellán tenía una novia que vivía en la calle de Agripino y la visitaba algunas noches amparándose en la oscuridad de las calles, para no ser visto, ya que en aquel tiempo no había alumbrado alguno en ellas.

  Para poder ver donde pisaba, llevaba un cirio encendido en la mano; si iba vestido con sotana negra y sombrero negro, ese era el motivo de que quien se cruzaba con él, solo pudiera distinguir el cirio y la mano que lo portaba.

*  Lo de amedrentar a Agripino con el cuento del ánima de Alonso, resultó ser una buena idea, pues, aunque costó lo suyo, fue el único modo de que pagara la renta de aquel año.

* Las coincidencias existen ahora y también existían en el siglo XVII; a la vista está que, en el crítico momento que pasaba el cura frente a la casa de Agripino, había sido cuando esté abrió la puerta de la calle con la intención de ver la luna y lo que había visto era el “ánima de Alonso”, o sea, al cura yendo a visitar a su amiga.

* Luego, “el ánima” que había ayudado a Marina a llevar al hermano, aún inconsciente, hasta la cama, había sido él. Además, para comprar su silencio y que se olvidara del tema, había acordado con Marina que en lo sucesivo quedaba exento de pagar la renta de la capellanía.

* Respecto a Marina, la hermana de Agripino, ya deberíais haber adivinado que ella era la novia del cura.

jueves, 28 de marzo de 2024

Teología para niños... como yo ( Las Capellanías)

 

  Cuando alguien llega al final de su ciclo vital (cuando las palma), si ha sido medianamente bueno durante su existencia, el alma acabará en el cielo; aunque casi siempre pasa primero por el purgatorio,  un misterioso lugar que nadie ha visto y del que todos hablan como si hubieran pasado por allí el día antes.

  Como nadie ha vuelto de ese lugar, para contarnos como es, cada cual puede figurárselo como le parezca como en su día hizo, de una forma magistral, Dante (1265-1321) escribiendo “La Divina Comedia”, una obra maestra de la literatura universal que consta de tres partes: Infierno, Purgatorio y Paraíso.

  Independientemente de como sea, lo que sí queda claro es que las almas que llegan allí, acabarán entrando en el cielo tras purificarse; mas lo fastidioso del asunto es el modo de realizar esa purificación pues consiste en sufrir penas  parecidas a las del  infierno, pero más leves (aunque aquí también  hay llamas, las ánimas no se abrasan como en las calderas de Pedro Botero, solo se chamuscan un poco).

  Sabemos que el destino final de las ánimas del purgatorio va a ser el cielo..., hasta ahí, de acuerdo;  pero desconocemos el tiempo que cada una de ellas precisa estar en este lugar; eso va a depender de las circunstancias de cada una y  muchas veces esta estancia se alarga excesivamente, incluso siglos – para que luego digan que las listas de espera de la Seguridad Social son largas ¡si es que nos quejamos por “na”! -

  Por suerte, desde la Tierra, los vivos podemos ayudar a estas ánimas a acortar su estancia en ese lugar, mediante diversos procedimientos:

    La Moza de Ánimas de la Alberca, todas las tardes, al oscurecer, sale a pedir al vecindario una oración por las “benditas ánimas de purgatorio” –por cierto, yo una vez la vi y no era tan moza- .

   Antes, en casi todas las parroquias, en paralelo a la Cofradía del Santísimo Sacramento, existía la  Cofradía de las Ánimas del Purgatorio,  cuyo quehacer principal era rezar y encargar misas por todas ellas y, de forma especial, por las de los cofrades difuntos y sus familias.

 

  También existía la compra de indulgencias. El procedimiento consistía en comprar -sí, otra vez sale el dinero a relucir-, una especie de acciones para ir al cielo (este asunto da para varias tesis doctorales y, en alguna de ellas, indudablemente, saldrían a relucir Lutero y la Reforma Protestante).

  Además de todo lo anterior, lo mas eficaz para abreviar la permanencia de las ánimas en el purgatorio, por lo visto, es decir misas por ellas; a mayor  número de misas, antes cruzaran el umbral del cielo.

    Una vez llegados al asunto de las misas, hay que aclarar que, como todo en la vida, tienen un precio, fácilmente deduciremos que, si el fallecido  ya no está por aquí  no las puede pagar él, ésta es una misión de la familia.   

  Cuando a uno le llega el día D, son los parientes quienes pagan a la funeraria para que se ocupe del cuerpo, y al cura para que se ocupe del alma (funerales y misas).

   Si nos remontamos al pasado, igual que ahora, a veces, algunos no se llevaban demasiado bien con la familia; tenían poca confianza en que ésta fuese generosa a la hora de pagar las correspondientes misas y, por ello, la Iglesia, siempre tan perspicaz, inventó un sistema que garantizaba la celebración regular de misas por la gente, uno vez dejaba este mundo, sin necesidad de que mediara pariente alguno.

   El procedimiento consistía en la creación de unas fundaciones llamadas capellanías que funcionaban así: la persona interesada, segregaba de su patrimonio uno o varios bienes: casas, corrales, terrenos rústicos…, los cedía a la parroquia y el cura adquiría el compromiso de decirle el número de misas que acordaran, a cambio de la donación.

  Estos bienes, eran arrendados por la parroquia y con la renta obtenida se cobraban las misas.

   Las capellanías comenzaron a existir en la Edad Media (siglo XII) y tuvieron un largo recorrido a lo largo del tiempo llegando a su máximo apogeo en los siglos XVI y XVII.

 Aunque en el siglo XIX desaparecieron en muchos sitios, debido a las desamortizaciones de los bienes eclesiásticos, otras sobrevivieron como sucedió en Barrueco.

     En nuestro pueblo, se mantuvieron todas hasta el siglo XX, siendo vendidas, varias de ellas en la segunda mitad del mismo por uno de los párrocos que tuvimos Actualmente, en pleno siglo XXI, la parroquia aún conserva alguna.

    El número de misas que precisaba cada ánima, para poder abandonar el  purgatorio se desconocía y, como no hay posibilidad de conexión con ese lugar para ver si seguía allí o ya lo había abandonado,  esto casi siempre quedaba a criterio del capellán; este lo calculaba a "ojo de buen cubero" y, cuando estimaba que un alma ya había alcanzado el paraíso celestial, era cuando dejaba de decirlas.

   Aplicar misas, por el ánima de alguien, debe ser muy eficaz para poder acortar la estancia en el purgatorio; prueba de ello era que, cuando los responsables de encargar las misas eran los herederos y estos escatimaban en gastos, el ánima, a veces, incluso regresaba a la Tierra a pedirle explicaciones por su tacañería, llevándose, algunos, unos sustos tremendos. 

    Barrueco, eclesiásticamente, durante siglos, tuvo cierta importancia, pues perteneció a la Orden de Santiago y fue la sede de uno de sus vicariatos; una situación que se mantuvo hasta el año  1873, fecha en la que desaparecieron las ordenes militares.

El apóstol Santiago

   Fue a partir de esa fecha, cuando pasó a integrarse, como una parroquia más, junto al resto de los pueblos que integraban el vicariato, en la diócesis de Ciudad Rodrigo.

   Si nos remontamos a los tiempos del vicariato, cuando nuestro pueblo aún pertenecía a la Orden de Santiago, vamos  a suponer -solo suponer- que aquí vivían dos curas, el vicario y un capellán.

  El primero, obviamente, era el jefe del negocio y  el otro ejercía de ayudante. Si uno decía la misa de las once del domingo y otro la de las ocho de la mañana del lunes, os propongo un reto: quién oficiaba la misa de las ocho de la mañana el lunes…, el jefe o el ayudante.

 Volviendo a las capellanías, en nuestro pueblo, a lo largo de los siglos, fueron acumulándose varias de estas fundaciones y el encargado de decir las correspondientes misas era el capellán.  

  Evidentemente, no podía decir veinte misas diarias, una por cada ánima y lo que hacía era decir una semanal que servía para todas.

  Sacaba un pliego de papel, donde tenía escrita la lista, con los nombres y apellidos de los donantes de  las capellanías, y anunciaba públicamente:

   - Esta misa es aplicada por las almas de  tal… , tal…, tal,…,y así hasta que completaba la serie; de modo que, con una sola misa, los dejaba a todos apañados.

  Conclusión, Si solo decía una misa semanal, para tanta ánima, tocaban a poca misa cada una; así, poco podía acortarse la estancia de cada una de ellas en el purgatorio.

  Lo que sigue a continuación, refieren las crónicas que sucedió a mediados del siglo XVII; la vida de nuestros paisanos de entonces transcurría apaciblemente y los amaneceres y anocheceres se sucedían unos tras otros sin grandes novedades hasta que un día se fastidió el asunto.

 A Agripino, un barroqueño de aquella época, le tenía arrendado la parroquia un terreno;  concretamente, la cortina de la capellanía de Alonso Rodríguez  (cada capellanía tenía el nombre del donante: capellanía de Catalina García, capellanía de Fulgencio Casado…).

  Aquel hombre, la había dejado a la parroquia para que le dijeran las correspondientes misas, una vez hubiera abandonado este mundo y cuando esto ocurrió, Agripino, que era el arrendatario, a la hora de abonar la correspondiente renta anual, no lo hizo, con el consiguiente enfado del capellán.

  El cura, cuando le vio, le dio un primer aviso recordándole que la deuda no la tenía con él, sino con el alma de Alonso, ya que esa renta servía para pagar sus misas y eso de tener deudas con un ánima del purgatorio, eran palabras mayores.

  El rentero  respondió que ya pagaría, pasó el tiempo, no cumplió su palabra y el capellán le hizo esta advertencia :

 -   Voy a dejar de aplicar misas por Alonso y debes saber que, aunque esté en el purgatorio, sabe perfectamente lo que ocurre aquí en la Tierra;  así que no te extrañe que cualquier noche su ánima regrese del más allá, para pedir explicaciones de por qué no se le dicen sus misas y esto es peligroso…, te lo advierto. A lo mejor te lleva con él, aunque no te hayas muerto.

   Si el capellán pretendía amedrentar a Agripino, para que apoquinara el alquiler de la capellanía ¡iba apañado!; el hombre además de ser “muy agarrao”, era tan incrédulo como la gente de ahora y eso de que el ánima de Alonso Rodríguez regresara al pueblo, a pedirle explicaciones, no lo creyó y siguió sin realizar  el pago correspondiente.

  Si esto sucedía en el siglo XVII, aún faltaban dos siglos para que Édison inventara la bombilla, de modo que, cuando llegaba la noche, en las calles de pueblos y ciudades no había iluminación alguna.     En nuestro pueblo, una vez que se ocultaba el sol tras los montes de Freixo de Espada à Cinta, las casas quedaban envueltas en penumbra o en la más absoluta oscuridad, dependiendo de la fase lunar, presentando las calles un aspecto bastante tenebroso, así que la gente evitaba en lo posible deambular por ellas, salvo que se viera obligada por alguna necesidad, y, cuando lo hacían, se alumbraban, llevando en la mano un farol de aceite,  un candil o una vela.  

  Los faroles, proporcionaban luz suficiente para ver el suelo por donde se pisaba y poco más; el campo visual de los transeúntes que se alumbraban con ellos apenas alcanzaba los dos metros de distancia en las noches mas oscuras, reinando mas allá de esa distancia, la oscuridad.

  Una mañana, una vez hubo amanecido, a primera hora, Agripino sintió unos golpes en la puerta de la calle, salió a abrir y vio a una vecina que vivía varias casas más arriba.

 - ¡ Buenos días Genoveva… pasa!

-  No, no voy a pasar. Contestó ella, muy seria. Solo quería ver si estas bien.

-  Sí… estoy bien ¿ por qué dices eso ?

-  Ayer tarde estuve en casa de mi hija, cuando volví a la mía era ya era noche cerrada y estaba muy oscuro, venía con un farol y, cuando llegue a nuestra calle, vi a lo lejos una luz que se acercaba y me detuve para ver quien era y saludarle, antes de meterme en casa, pero no llegamos a cruzarnos porque se paró a la altura de tu casa más o menos, y cuando reparé en lo que veía no puedes hacerte una idea del susto que me llevé..., cada vez que lo pienso, aún me tiembla el cuerpo. ¡Era un cirio encendido que andaba solo, iba suspendido en el aire!

- No entiendo lo que dices, contestó él, muy extrañado ¡ Qué es eso de que un cirio andaba él solo !

- ¡¡ Lo que estas oyendo !!, respondió Genoveva  - ella era consciente de que lo que estaba contando no era fácil de creer -.  No sabes el susto que me llevé,  era un espanto lo que paró cerca de tu puerta; me dio tanto miedo, que me metí en mi casa corriendo, cerré por dentro y hasta que no ha llegado la luz del día, no me he atrevido a salir.

 Agripino tras escuchar a la vecina, empezó a reír.

-  Eso que dices es una tontería…, a que sí ¿ Te ha dicho el cura que me cuentes este cuento ?

- ¡ Ni es una tontería…, ni he hablado con cura alguno! ¡ Solo estoy diciendo lo que vi !  ¡ Parece mentira... !, encima de venir a ver si estñas bien, me tomas por tonta. Respondió ella muy enfadada, marchándose de allí sin despedirse.

   La noche siguiente no sucedió nada, y tampoco las sucesivas; hasta que llegó la noche del siguiente lunes.

  Caminaba Regino, otro paisano, por las oscuras rúas del pueblo, con el consabido farol y, al llegar a la calle de Agripino observó que, en dirección contraria, avanzaba hacia él una luz, lo cual no tenía nada de particular, al fin y al cabo él también llevaba otra luz; pero, cuando estuvo cerca, observó que la luz provenía de un cirio encendido y le entró un gran  desasosiego al ser consciente de lo que estaba viendo. Debido a la gran oscuridad de la noche,  solo se veía el cirio encendido y nada más; no se apreciaba persona alguna que lo sostuviera y eso le inquietó enormemente

 - ¡ Quien eres !, preguntó dos o tres veces seguidas, alzando la voz. Pero no obtuvo respuesta alguna.

  Era valiente y no se asustaba fácilmente, pero aquella luz que tenía enfrente era algo para lo que no encontraba explicación alguna y, ante la posibilidad de que se tratase de un ente  sobrenatural, sin dudarlo un momento, se dio la vuelta y se fue de allí lo más a prisa que pudo, con el fin de alejarse de aquella misteriosa luz que se había aproximado hacia él, sin saber con que intenciones.

  Llegó a casa muy alterado, cerró la puerta por dentro con el cerrojo y, algo más tranquilo, informó a la mujer lo sucedido. Ésta, cuando acabó de contarlo, comentó:

 -   ¡ Menos mal que te alejaste ! Eso no puede ser nada bueno. La Genoveva estuvo contando el otro día  que la noche anterior había visto esa luz y que paró cerca de la casa de Agripino, pero nadie le hizo caso..., como a veces empina el codo, todas pensamos que esa noche lo había empinado demasiado.  

   Ahora resulta que es verdad, ya sois dos quienes habéis visto lo mismo ¡ que podrá ser !  Puede ser un espantajo, pero... ¿ y si es un alma en pena, que viene a por alguien ? Dicen que a veces se aparecen cuando va morir alguien pronto. Espero que no seamos ninguno de nosotros. Mañana voy a hablar con alguno de los curas,  a ver que dice.

   Al día siguiente, la mujer de Regino fue a ver al capellán, el vicario no estaba, y le preguntó si había alguien muy enfermo en el pueblo, a punto de morir; explicándole que el marido había visto la noche anterior lo que parecía ser un alma en pena y que Genoveva había visto algo parecido unos días antes.

 El clérigo, tras escucharla atentamente, sin dudarlo un momento, contestó:

-  Puedes estar segura que los dos han visto la misma luz; y si además ha sido en esa calle, no cabe duda alguna : es el ánima de Alonso Rodríguez que viene a pedirle cuentas a Agripino, algo que a mí no me extraña nada.

  Tiene arrendada la capellanía que dejó Alonso a la vicaría, para que le dijésemos misas, pero como no paga la renta, he dejado de aplicar misas por él, debe haberse enfadado el ánima y ha vuelto del purgatorio a pedir explicaciones a ese tramposo.

  La mujer, al oírle, exclamó horrorizada.

- ¡¡ Está diciendo usted, que no hay duda alguna de  que, cuando llega la noche, hay un ánima del purgatorio recorriendo las calles del pueblo !!  

- Exacto,  pero el único que debe preocuparse es Agripino, los demás no corremos peligro alguno.

- ¿ Y como sabe que se trata del ánima de Alonso Rodríguez y no otra? Todas deben ser iguales.

- Es fácil deducirlo. Hoy es martes, lo que cuentas sucedió esta noche pasada y coincide que  la misa de las capellanías la digo los lunes por la mañana. Como Alonso ha visto que no he aplicado la misa  por su alma, y, en cambio, por los demás sí, su ánima está enfadada y por eso se ha aparecido la noche del lunes.

  Pregunta a Genoveva qué noche se le apareció a ella; si te dice que vio esa luz la noche del lunes anterior, ya no hay duda alguna que se trata del ánima de Alonso.

    Las palabras del cura, afirmando que había un alma en pena, recorriendo las noches de los lunes, las oscuras calles del pueblo, lejos de tranquilizar a aquella mujer la preocuparon enormemente. Le aterrorizaba la  idea de poder cruzarse con ella, aunque el clérigo afirmara que debía estar tranquila.

   Antes de regresar a su casa, pasó a ver a Genoveva, le contó su conversación con el capellán,  y esta le confirmó  que, tal como él sospechaba, había sido la noche del lunes, de la semana anterior, cuando tuvo el encuentro con aquella misteriosa luz.

  Al llegar el mediodía, todo el pueblo sabía que, las noches de los lunes, el ánima de Alonso Rodríguez deambulaba por las calles del pueblo por culpa del tramposo de Agripino

Algunas notas

*  Cada capellanía recibía el nombre de la persona que la había dejado a la parroquia. Como  Alonso había dejado una cortina para que dijeran misas por él, la suya era conocida la Cortina de la Capellanía de Alonso Rodríguez, pero, a partir estos hechos, pasó a ser conocida, por la gente, como Cortina de la Capellanía de las Ánimas de los Lunes.

*  El purgatorio, no es un espacio físico, tal como nos contaban de niños, se trata de un concepto religioso: “es el transito de las almas en su camino hacia el cielo”;  en cambio, La Cortina de la Capellanía de las Ánimas de los Lunes, sí existe. Si alguien quiere verla, no tiene que ir muy lejos, se encuentra en Las Regaderas.