miércoles, 15 de abril de 2026

La Carrera de las Viejas

 

  En nuestro pueblo, todos sabemos perfectamente qué es una frontera, ya que es algo que nos pilla muy cerca. Cuando subimos al Castillo, si miramos hacia el oeste, lo que vemos, a tan solo unos kilómetros… pocos, al otro lado del Duero, es Portugal.

  La frontera entre España y Portugal, he consultado en varios sitios cuanto mide y algunos redondean el resultado indicando que tiene 1300 km de longitud, pero como a mí no me convencía tanto redondeo,  un día que estaba aburrido, con un metro en la mano y un poco de paciencia, estuve midiéndola sobre el terreno y, desde A Guarda (Pontevedra) a orillas del Miño, hasta Ayamonte (Huelva), a orillas del Guadiana, me salieron 1.292.000 metros de longitud (lo que vienen a ser 1292 km).

  Los geógrafos hacen una distinción entre lo que es el límite entre dos países, que es la línea imaginaria que los separa, de lo que es la frontera, ya que definen a esta última, como la franja de territorio, en ambos países, que está a menos de 25 km de la línea divisoria entre ellos; por lo tanto, si les hacemos caso (aunque no siempre hagamos caso a la pareja, padre, madre...; a los geógrafos sí debemos hacérselo), al estar Barrueco incluido en esta franja, también debemos considerarlo un pueblo fronterizo.

 En Salamanca, así como en el resto de provincias españolas del oeste peninsular, a la frontera, familiarmente, la conocemos como “La Raya” (en Galicia y Portugal es “A Raia”) y ello parece ser debido a que las fronteras, en los mapas, aparecen representadas gráficamente por rayas, siendo a su vez el motivo de que los habitantes de los pueblos limítrofes con Portugal seamos también llamados rayanos -ya veis, resulta que toda la vida he sido un rayano y yo sin saberlo-.

  Además de las fronteras entre países, en España tenemos los límites entre regiones o comunidades y, dentro de ellas, están también los límites entre las provincias con sus correspondientes líneas divisorias. A su vez, las provincias se encuentran divididas, administrativamente, en partidos judiciales con sus correspondientes límites y en cada partido judicial, también tenemos los pueblos y aldeas con sus correspondientes términos municipales, y las pertinentes líneas divisorias que separan unos de otros.

 Actualmente, cuando salimos al campo, vemos que casi todo el terreno está cercado, ya sea con alambradas o paredes de piedra, pero, antiguamente, todo eran tierras abiertas y para delimitar el terreno perteneciente a un pueblo del de los pueblos vecinos, en los confines de los términos municipales, se colocaba un mojón.

  Cuando hablo de mojones, que nadie se confunda, me estoy refiriendo a los mojones topográficos, no a mojones de los otros. Antes, y supongo que también ahora, la gente que estaba en el campo, cuando tenía ganas de evacuar las secreciones sólidas (que cada cual busque el sinónimo que le parezca), buscaba un lugar discreto y allí, en plena naturaleza, con más o menos esfuerzo, colocaba un mojón; o estos mojones, como podréis entender, no valían para el asunto que nos interesa.

 Los mojones topográficos que servían de referencian para delimitar los términos municipales de los pueblos, habitualmente eran de piedra y los hay de diferentes formas.

  A veces, simplemente, era una peña que estaba situada en un determinado lugar la que era tomada como referencia para señalar los límites entre dos o más pueblos; un ejemplo de ello lo tenemos en una peña muy singular que, según la tradición, servía como referencia para delimitar los límites entre los términos municipales de Vilvestre, Cerezal y Barrueco, que se encuentra en la parte norte del valle de Mamula. 

  De ella, aunque siempre se ha dicho que era él límite entre los términos de los tres pueblos, tengo serias dudas de que eso responda a la realidad, ya que solo separa los de Cerezal y Barrueco; de lo que no cabe duda alguna es que se trata de una “peña sagrada” ya que tiene varias cruces grabadas sobre la misma.

  Son conocidas como peñas sagradas, aquellas que, para los habitantes más remotos que poblaron la zona, durante la Prehistoria, tenían un valor especial; a algunas las marcaban como a ésta, haciendo

Escultura prehistórica

cruces sobre la misma, mientras que sobre otras hacían cavidades a modo de ojos, intentando crear un rostro; son las “peñas con ojos”, de las cuales hay varias en Barrueco; pero volvamos a los mojones o mojoneras.

   El mojón más destacado que aún podemos ver, es un monolito de piedra granítica tallada de más de 2 metros de altura, situado en la carretera de El Milano, en el lugar que conocemos los de nuestro pueblo  como la “Raya de El Milano” y los del pueblo vecino  como la “Raya de Barrueco”.

  Si vamos por esa carretera, en dirección a Vitigudino…Salamanca…Calvarrasa de Arriba, o a El Milano ¡por qué no!,  una vez en El Pontón, ya pasada una curva cerrada que hay, que está bordeada en el lado derecho por un prado, con una charca muy próxima a la carretera; unos 300 - 400 metros más adelante, en el margen derecho de la carretera, parcialmente oculto entre dos letreros de Coto Privado de Caza, uno por cada lado, avisando que allí comienza y termina el coto de caza de cada pueblo, se encuentra el susodicho mojón marcando la línea divisoria entre los términos de ambos pueblos.

  Este hito, como ya indiqué anteriormente, es una piedra granítica rectangular que en su día, siglos otras, debió costar bastante darle forma, transportarla hasta allí y después colocarla en ese lugar, debido al tamaño y peso de la misma; un hecho indicativo del interés que debieron tener nuestros antepasados cuando la colocaron allí para de marcar el límite y de paso que nadie pudiera moverla alegremente y desplazarla en uno u otro sentido y así intentar ganar terreno “al otro pueblo".

La Raya de El Milano

  La raya entre los dos pueblos no está en la mitad del camino entre ambos lugares, se encuentra más cerca de El Milano que de Barrueco y, siempre que paso por allí, me pregunto por qué está en ese sitio concreto y no más acá o más allá.

  Cuando vemos un mapa de la provincia, podemos apreciar que el término municipal de cada pueblo (el terreno que administrativamente le pertenece) nunca es igual que el del vecino, siendo ese el motivo para que un día decidiera averiguar, cuando se crearon los pueblos de la comarca y cómo se determinaban los límites de sus términos municipales.

  Mi interés se centró fundamentalmente en saber cómo habían acordado los vecinos de Barrueco y El Milano establecer que aquel era el límite entre ambos lugares y, tras “arduas investigaciones”, al fin logré saber por qué el mojón o mojonera (la Ministra de Igualdad supongo que estará contenta con los mojones, ya que pueden ser indistintamente masculinos o femeninos), está donde está.

  Evidentemente, esto no sucedió anteayer, ocurrió hace mucho tiempo, ¿siglos X –XI?; entonces, como no existía el catastro y tampoco había ingenieros de caminos, ni topógrafos, resulta que, para establecer el límite o la raya entre dos pueblos, cada cual se las arreglaba como podía de modo pues no había un  procedimiento concreto para hacerlo, sino varios.   

  Cuentas las crónicas (y si no lo cuentan, deberían hacerlo), que los vecinos de Barrueco y El Milano, que entonces eran muy pocos, acordaron que, para repartirse el terreno existente entre ambos pueblos, iban soltar un perro en cada pueblo para que fuera corriendo en dirección hacia el otro, y el sitio del camino donde se encontrasen, sería la línea divisoria entre ambos lugares.

  Llegó el día y la hopra indicados, soltaron en cada pueblo a su perro, para que fuese corriendo en dirección hacia el pueblo contrario y ocurrió algo que no estaba previsto. Al perro que había salido de El Milano, se le cruzó una liebre en el camino y, siguiendo su instinto, en vez de continuar corriendo hacia Barrueco, se desvió persiguiéndola campo a través, para intentar cazarla.

  Mientras tanto, el perro que había salido de Barrueco, al no encontrarse con el otro perro, siguió corriendo sin parar, llegó al mismo pueblo de El Milano y sus habitantes se llevaron un disgusto tremendo pues pensaban que toda la tierra iba a ser para los de Barrueco y que a ellos nos les iba a quedar terreno ni para colocar un tiesto.

  Ante tal desaguisado, elevaron una protesta ante la autoridad competente, que entonces era un rey de los que mandaban de verdad, no como los de ahora, y el monarca decidió que la prueba realizada no era válida ordenando que buscaran otra solución ya que los de El Milano no podía quedarse sin tierras, así que decidieron hacer otra carrera pero, en vez de perros, la realizarían dos personas y el objetivo sería el mismo: el lugar del camino donde se encontrasen, esa iba ser la raya entre ambos lugares y, mirad por donde, resultó que las personas elegidas fueron dos  viejas, una de cada lugar, como es obvio.

  Os preguntaréis por qué las elegidas fueron dos viejas y no dos jóvenes atléticos y la respuesta es que, a la hora de elegir al representante de cada pueblo, con el fin de que la prueba fuese justa y equitativa, era necesario que no hubiera ventaja alguna entre los competidores de cada lugar. Como podéis entender, no iba a correr un joven en plena forma por una parte y un viejo con artritis por la otra; de modo que la condición “sine qua non” era que debían ser dos personas de la misma edad y sexo.

  Como en aquella época eran muy pocos los habitantes de ambos pueblos (casi como ahora), resultó que las únicas personas que reunían el perfil adecuado para competir eran dos viejas y ellas fueron las elegidas para defender los intereses de cada lugar (no olvidar que, cuanto más lejos llegara cada una en su recorrido, más terreno correspondería a sus paisanos en detrimento de los habitantes del pueblo contrario)

  Aquellas buenas mujeres, a pesar de que muy ágiles no es que fueran… las dos usaban bastón para ayudarse a andar, eran muy voluntariosas y, como el camino no podían hacerlo corriendo sino caminando y además poco a poco, una mañana de abril, a las ocho en punto de la mañana, ambas iniciaron el camino saliendo cada una de su pueblo en dirección al pueblo vecino, con la intención de avanzar lo máximo posible antes de encontrarse en el camino con su oponente.

  El hito que delimita los términos entre Barrueco y El Milano, está más cerca de este segundo pueblo lo cual significa que la vieja de Barrueco corrió anduvo más y más rápido que la contrincante; pero si ambas mujeres tenían la misma edad y capacidad física para caminar, y su estado de salud era igual (igual de malo… eso sí) ¿Cómo puede explicarse ese resultado tan desigualdad?

 La respuesta es muy sencilla, fue debido a la alimentación. Ambas mujeres apenas tenían dientes (entonces no había buenos dentistas como ahora) y solo comían sopas; la mujer de El Milano había desayunado “sopas de leche”, o lo que es lo mismo, leche migada con pan, mientras que la de Barrueco, que era un poco borrachilla... todo hay que decirlo, había desayunado “sopas de vino” y encima había repetido tomando dos tazas; de modo que, cuando partieron las dos de sus respectivos pueblos a la misma hora, resultó que la que tomó las sopas de vino, al tener más energía, logró un mejor desempeño en su andadura y llegó más lejos que la otra.

  Alguno de El Milano quizá piense: “Si le hubieran hecho la prueba de la alcoholemia a la de Barrueco, posiblemente la hubieran acusado de dopaje y el resultado hubiera sido diferente” ¡Pero amigo?, en aquellos tiempos, había vino...eso sí, pero no alcoholímetros.