domingo, 3 de junio de 2018


El patrón de los novios


   
   Dentro del santoral, podemos encontrar más de una docena de Antonios; de ellos, si preguntamos a varias personas que nos indiquen cuáles son los más conocidos, casi todas ellas nombran a San Antonio Abad,  San Antonio de Padua, San Antón y San Antonio de Lisboa; serían algo así como los más famosos -los más VIP - de "Los Toños".
  
   Existe cierta confusión, en este selecto grupo de Antonios, a la hora de ubicarlos y distinguirlos entre sí; especialmente, entre la gente poco experta en santificaciones y beatificaciones, como es mi caso; una confusión que viene determinada, en primer lugar, por su número, ya que, aunque tenemos  cuatro nombres distintos, estos no corresponden, exactamente, a cuatro santos distintos, sino a dos; en segundo lugar, también hay bastante desconocimiento respecto a sus cualidades: uno es el patrón de los animales, otro el de los novios; uno es el antecesor de los  anacoretas, otro es el protagonista de El Milagro de los Pajaritos... pero ¿quién es quién, y cuáles son sus virtudes ?.
  
   Con el fin de aclarar algunos aspectos, sobre la vida y milagro de estos Antonios, decidí investigar un poco el asunto y pude enterarme de lo siguiente:

  Respecto a  San Antonio Abad y San Antón; ambos nombres corresponden al mismo personaje,  siendo San Antón, simplemente, un diminutivo del primero.
  Este santo nació y vivió en Egipto entre los siglos III y IV,  pasó la mayor parte de su vida, como eremita, en la soledad en el desierto, y es el precursor de los anacoretas .
   Su fiesta se celebra el 17 de enero, y es el patrón de los animales (a veces, viendo algunos comportamiento humanos, no me cabe duda alguna que también podría serlo, perfectamente, de muchas personas, aunque tengo serias dudas de que el santo quisiera aceptarlas bajo su tutela).

    En cuanto a San Antonio de Padua y San Antonio de Lisboa, también los dos nombres corresponden a un único santo. 
   Éste fraile franciscano era portugués, ya que nació en Lisboa en 1191, murió en Padua (Italia) el año 1231 y, aunque, generalmente, es conocido como San Antonio de Padua, en algunos lugares también recibe el nombre de San Antonio de Lisboa, siendo éste el motivo de que  algunos piensen que estamos ante dos personajes diferentes.
  Es a él a quien se le atribuye "El Milagro de los Pajaritos", origen de la conocida canción tradicional, que lleva el mismo nombre.
   Su fiesta se celebra el 13 de junio, y  tiene la particularidad de ser el patrón de los novios; por ello, antes, las muchachas solteras, cuando la cosa no iba bien en el plano amoroso, a menudo recurrían a él para pedirle un novio.
  
   En nuestra comarca, si alguien quiere celebrar la fiesta de San Antonio, el de los novios; puede hacerlo en el pueblo de El Milano, ya que es su patrón.
   Una vez allí, si está soltero/a, puede aprovechar el viaje para pedirle un novio/a, al santo (si está divorciado/a, más vale que no pierda el tiempo haciéndole peticiones de este tipo, pues, quien se casa por la iglesia, como lo hace "para siempre", San Antonio no tiene previstas las segundas oportunidades) 


   Esto sucedió una vez en un pueblo -aunque los de El Milano afirman que este hecho no sucedió  allí,  yo no me atrevo a descartarlo- , donde tenían a San Antonio como patrón; consecuentemente, en la iglesia había una imagen del santo y a él acudían con frecuencia las chicas que no tenían novio, a pedirle que les concediera uno.
  
  Un día, Roque, el sacristan, observó que al acabar la misa, tras haber abandonado la gente el templo, una mujer permaneció en el mismo y, tras cercionarse de que estaba sola, se dirigió al santo; algo que llamó mucho su atención, ya que ella estaba casada.
 - ¿Qué le pedirá la Belarmina a San Antonio?, se preguntó extrañado el hombre.


   Él, ya había dejado atrás la juventud y seguía estando soltero; por ello, "ya que jugaba en casa",  tiempos atrás, alguna vez, también había llegado a pedirle al santo que le concediera una novia (aunque San Antonio es el patrón de los novios y siempre son mujeres quienes se dirigen a él para pedirle uno,  por qué no iba a poder él pedirle una novia, si estaba igual de necesitado).
   La verdad es que era bastante feo y no sabemos si por ello, o alguna otra causa, hasta la fecha, el santo había hecho oídos sordos  a su solicitud.
  
   A lo largo de los dos domingos siguientes, el sacristán observó que Belarmina, al acabar  la misa, mientras los feligreses abandonaban el templo, ella permanecía sentada en su banco y, una vez que se cercionaba de estar sola, se situaba ante la imagen de San Antonio y permanecía allí un rato haciéndole sus peticiones.
   Como se trataba de una mujer casada, Roque no comprendía muy bien qué es lo que le pedía al santo de los novios y, al ser tan grande la curiosidad que sentía, decidió investigar el asunto. 
 
  "Casualmente", detrás del altar del santo había un hueco, y el  domingo siguiente se  escondió en él. Desde allí, pudo observar que Belarmina, al acabar la misa, siguió la misma rutina de las veces anteriores, de modo que se acercó a la capilla del santo y oyó que le decía, en voz alta, lo siguiente:

   Bendito seas, San Antonio
   sólo te pido una cosa
   Concédele un buen novio
   a mi hija, la María Rosa.
  
   El sacristán, al oírla, comprendió que el novio que estaba solicitando al santo no era para ella, sino para su hija, y tuvo una idea:
   Él, en su día, ya le había pedido una novia a San Antonio, hasta la fecha  la petición no había tenido éxito alguno y allí había una mujer haciéndole una petición similar a la suya; luego, había dos peticiones "en el aire" que se complementaban perfectamente: alguien quería un novio, y  él quería una novia.
   Con la información privilegiada que tenía, pensó que, si le echaba una mano a San Antonio, el asunto podía tener un  final feliz como en los cuentos (mira por dónde, iba a resultar que el santo, aunque indirectamente, sí hacía milagros)

   El siguiente domingo, Belarmina demostró ser una persona persistente en sus convicciones, y, a la par, muy optimista; llevaba varios domingos pidiéndole a San Antonio un novio para su hija, esta seguía  "in albis" y, a pesar de ello, no cejaba en su empeño; así que, al acabar la misa, una vez más se dirigió a éste para efectuar su petición.
   Cuando acabó de hacerla, el sacristán, que estaba escondido tras la imagen, habló como si lo hiciera San Antonio.

 - ¡El mejor novio que puede haber para tu hija, es Roque, el sacristán!. ¡Dile a María Rosa que cuando se le acerque, lo acepte sin dudarlo un momento!

   La mujer, al principio, se quedó perpleja por las palabras que escuchó; mas, una vez que se recuperó del susto - no todos los día le habla a una un santo -  se puso muy contenta ¡por fin San Antonio había escuchado sus ruegos!
   Al volver a casa, le contó a su hija lo sucedido y, al día siguiente, "por casualidad" el sacristán se acercó a ella y le pidió relaciones, algo que María Rosa  aceptó  sin dudarlo un momento, ya que iba recomendado por el mismísimo San Antonio.

  Al poco tiempo celebraron la boda y, tras unas semanas de convivencia, la recién casada  llegó a la conclusión de que el santo, en esta ocasión, no había estado muy atinado con la recomendación que le había hecho, ya que el sacristán resultó ser un crápula de cuidado:  era muy vago,  se emborrachaba a menudo, la trataba muy mal ...
   (¿Por qué será que durante el noviazgo, tanto el hombre como la mujer, se comportan de un modo casi ejemplar y, una vez casados cambian tanto, transformándose en unas personas totalmente distintas, con comportamientos que, a veces, dejan mucho que desear?. Este es un misterio que, tras arduas investigaciones antropológicas, aún permanece sin resolver).

   El caso es que María Rosa, que era una mujer muy práctica, llegó a la conclusión de que "no hay peor soledad que una mala compañía", y, a los pocos meses de la boda, ya se habían separado.

   La madre, de la decepcionada esposa, estaba muy enfadada con San Antonio -ni de los santos puede ya fiarse una-  ¿Cómo era posible que le hubiera recomendado para su hija, como marido, a un ser tan ruin como el sacristán?
   Al haber sido ella quien le había pedido al santo, con tanta insistencia, un novio para su hija, se sentía responsable del desgraciado matrimonio de ésta; así que un día, al acabar la misa, como hiciera
Iglesia de El Milano
en las ocasiones anteriores, una vez que la gente abandonó el templo, muy enfadada, se dirigió a la capilla de San Antonio,  se plantó ante la imagen y le dijo:

  Vaya vista que tuviste
  al recomendarme a Roque
  que era muy bueno, dijiste
  y es un auténtico bodoque
   

 
  



miércoles, 2 de mayo de 2018


El hombre callado


   Recientemente, tuve ocasión de conocer a una mujer peruana que reside, con su familia, en un pueblo de Extremadura; dicha población tiene cerca de 2500  habitantes y, como en todos los sitios, allí hay bastantes parados.
  Resulta que, en dicho pueblo, un día surgió una oferta laboral y ninguno de los parados del lugar  quiso aceptar el empleo; en cambio, el marido de esta mujer, que ni siquiera vivía allí, cuando se enteró de tal oferta, aceptó gustoso el trabajo y se trasladó con la familia a vivir a dicho municipio.   
   La conclusión que podemos sacar de ello, es que los desempleados del pueblo estarían parados, pero no necesitados; mientras que el peruano estaba parado y necesitado.
   El trabajo consiste en ser guardés de una finca;  el sueldo es normal, no es bajo; la vivienda es gratis; los gastos de agua y luz corren por cuenta del dueño de la finca, y tiene sus vacaciones reglamentarias. 
   Hasta aquí, todo parece estar correcto; luego, ¿por qué ninguno de los parados del pueblo aceptó el empleo?.  La verdad es que, a ciencia cierta, no lo sé; habría que preguntárselo a todos ellos, uno a uno, para que cada cual cuente su circunstancia; pero, aunque sí que me gustaría averiguar la causa , mi curiosidad no es tanta como para acercarme hasta allí y hacer una encuesta sobre el asunto. 

  Se dice que toda "cena conlleva una factura",  o, dicho de otro modo, que todo asunto tiene una cara buena, y otra menos buena; dependiendo, todo ello, del lugar desde el que se mire o aborde el mismo. En este caso, la cara menos buena de este trabajo, es que su desempeño requiere, como condición indispensable, que el guardés de la finca debe vivir en la misma, a 5 km. del pueblo más próximo.
 
   El paisaje es muy bonito; la pureza del aire que allí se respira es inmejorable; por las mañanas, los componentes de la familia son despertados por los trinos de los  pájaros;  no tienen vecinos molestos...  Una forma tan bucólica de vivir, cuando es para unas horas, o unos días, resulta  muy agradable;  pero, cuando vivir en medio de la dehesa extremeña, alejado de la civilización, se convierte en tu modo de vida habitual,  esto ya no resulta tan el atractivo.   
   Sospecho que ese fue el motivo por el que ninguno de los parados del  pueblo quiso aceptar el empleo; no obstante, la mujer me indicó que ellos ya llevaban viviendo, en la finca, más de dos años,  y que estaban muy contentos.

   En Salamanca, donde también abundan las dehesas, los dueños de las fincas, tal como ocurre con los cortijos o dehesas, en Extremadura y Andalucía, casi todos ellos  viven con su familia en la ciudad, siendo los empleados quienes residen (más bien, residían) en ellas.
  Debido a que trabajar en el campo es poco atractivo, para la mayoría de la gente, no resulta tarea fácil encontrar empleados dispuestos a  vivir en plena dehesa,  alejados del mundanal ruido, como decía el poeta; por ello; dentro de las pocas ofertas laborales  que tenemos en la provincia, no es raro ver anuncios en los que se ofrecen empleos para trabajar en explotaciones ganaderas.

   Esto es algo  que ocurre en la actualidad, pero no siempre fue así; hasta hace unos 30 años, los dueños de las fincas no tenían dificultad alguna para encontrar empleados dispuestos a vivir en el campo. Imagino que entonces debíamos estar más necesitados que ahora y,  por ello, nunca faltaban vaqueros dispuestos a aceptar estas condiciones de trabajo.
   En ocasiones, incluso se consideraban bastante afortunados por poder trabajar allí, en su tierra, sin tener que emigrar fuera de su entorno, desempeñando un empleo que les permitía vivir con bastante desahogo: recibían su sueldo, la casa era gratis y,  además, algunos, hasta podían criar algo de ganado propio.  

   Bueno, pues esto ocurrió en una dehesa salmantina, a comienzos de la década de 1970,  por la zona de Villavieja y Retortillo, ahora tan de actualidad debido a la mina de uranio, cuando los vaqueros y sus familias aún continuaban viviendo en las fincas.
  
   En aquella dehesa, residía un vaquero con su familia y el hombre, como buen charro, era trabajador, honrado y formal.
   Se dice de los salmantinos que, en general, somos poco simpáticos y que no nos gusta hablar demasiado; nuestro vaquero, no sólo se ajustaba al prototipo, lo superaba con creces ya que era de pocas palabras.
   La verdad es que para vivir en el medio del campo, sólo con la familia,  no hace falta ser un dechado de simpatía,  pero es que el hombre medía tanto sus palabras, y hablaba tan poco, que la mujer y los hijos, cuando no estaba presente, bromeaban sobre el asunto y preguntaban ¿dónde está "el hombre callado"?. 
   Es virtud bien sabida que, quien menos habla, menos tonterías dice; mas lo de este hombre era ya exagerado y su mujer tenía que sacarle las palabras casi a la fuerza; ella, por su parte, era muy parlanchina, y hablaba hasta por los codos, como se dice vulgarmente, compensando sobradamente a aquel hombre tan taciturno que el destino le había deparado por compañero  (sería interesante saber cómo habían llegado a relacionarse cuando eran novios; quizá entonces, él, hasta  era simpático y todo. Y es que, de novios, todos parecen buenos, pero luego...).
   Se han realizado estudios sobre la diferencia del lenguaje entre hombres y mujeres indicando alguno de ellos que, al cabo del día, los hombres emplean un promedio de 15.000 palabras,  mientras que las  mujeres utilizan unas 30.000.
    Este hombre, en una jornada normal,  apenas llegaba a las 500, excepto cuando bebía algo de vino; en esas ocasiones, se volvía más dicharachero y mejoraba un poco sus números. .
   
  La comarca donde está la finca, desde el punto de vista eclesiástico, pertenece a la diócesis de Ciudad Rodrigo, y, un domingo, el obispo de esa ciudad iba a ir al pueblo, donde esta ubicada la 
Diocesisciudadrodrigo.org
dehesa, a administrar el Sacramento de la Confirmación a los chicos del lugar y  de las fincas próximas; entre ellos, estaba una de las hijas de este matrimonio.
   - Mira Gaudioso, dijo la mujer al marido, el día antes de la ceremonia. Mañana, como sabrás, viene el obispo al pueblo y va a confirmar a la niña,  así que tendrás que hablar con él.
   - Vale, respondió nuestro paisano. ¿Y qué le digo?
   - ¡Pues qué le vas ha decir! -contestó exasperada la mujer- le dices lo normal... no puedes decirle solo ¡hola! y ya está. Lo único que debes hacer es ser amable con él y decirle lo que os decís siempre los hombres cuando os veis y no os conocéis. 
   La esposa observó con atención al marido, a ver qué contestaba, y vio que, como como siempre, no respondió nada. Poco convencida de que hubiera comprendido  bien, lo que le había dicho, decidió seguir aleccionándole respecto al comportamiento que debía seguir, ante la visita del mitrado:
   - Va a asistir bastante gente y, como el obispo no nos conoce a ninguno,  imagino que nos saludará a todos y  ya está...no creo que se pare a hablar mucho con la gente; así que le saludas, le dices alguna palabra más, y se acabó... es muy muy fácil. Eso sí, lo poco que hables con él, que sea correcto. Le preguntas...pues lo mismo que a tu hermano, cuando hace tiempo que no lo ves, por poner un ejemplo.
  - Vale, vale...lo he entendido - respondió Gaudioso- Tú tranquila. 

   Él, que vivía tan a gusto en la dehesa, con un círculo social tan limitado que se reducía a la familia, al dueño de la finca, cuando les visitaba, y a la gente que veía ocasionalmente, cuando se desplazaba al pueblo; aquella noche durmió muy inquieto por las recomendaciones que le había hecho su mujer: "Debía dirigirse al obispo y ser simpático" ¡Casi nada!. Aquello era algo que se alejaba totalmente de sus hábitos diarios y no estaba muy seguro de poder superar la prueba con solvencia.
   Llegó el domingo y, tras la ceremonia, hubo un convite organizado por los padres de los chicos, que habían sido confirmados,  para festejar el evento y agasajar al obispo.
   En un momento dado, Gaudioso, siguiendo las recomendaciones de su mujer, de ser comunicativo y amable con el obispo; algo nervioso, se acercó hasta él, y haciendo un esfuerzo casi sobrehumano, acertó a decir:
   - ¿Que tal Sr. obispo? ¿Como está Vd.? ¿Y su señora? ¿Y sus hijos?
    El obispo, muy confuso, no supo qué responder.

(Desconozco la conversación que ambos esposos mantuvieron después, cuando el marido le explicó a la mujer lo simpático y amable que había sido con el obispo, mas cuentan las crónicas, que los gritos de la mujer, a pesar de que la dehesa es muy extensa, llegaron a oírse hasta en las dehesas vecinas)

martes, 3 de abril de 2018


La fiesta de los Cucos

   El "Lunes de Aguas", es una fiesta que se celebra en Salamanca, desde tiempo inmemorial, coincidiendo con el lunes siguiente al Lunes de Pascua. Ese día,  los salmantinos aprovechan la tarde para comer el hornazo a las orillas del Tormes, en casa, o donde se tercie.
   Ese mismo lunes, también era la fecha en la que volvían las prostitutas a la ciudad ya que, durante Cuaresma y Semana Santa, no podían  trabajar en el casco urbano y tenían que ir a ejercer su oficio al otro lado del río. La prohibición, por la que estas mujeres no podían permanecer en la ciudad, durante el tiempo de Cuaresma y Pasión, fue consecuencia de un edicto que, en este sentido, promulgó el Felipe II, allá por el siglo XVI.
   Mucha gente cree que la festividad del Lunes de Aguas tuvo su origen en la vuelta de estas "trabajadoras del amor" a sus actividades habituales en la ciudad, pero esto no es así; el origen de la fiesta es muy anterior a este hecho, y ambas cosas: comer el hornazo y la vuelta de estas mujeres a la ciudad, tras su exilio cuaresmal transtormesino, parece ser una simple coincidencia en el tiempo.
 
  La celebración, además de festejarse en Salamanca, también tiene lugar en varios lugares de la  provincia, entre ellos Barreras, un pueblo de nuestra comarca.
   En más de una ocasión, he estado con gente que no sabe donde se encuentra Barreras; otros, en cambio, aunque saben dónde está, nunca han ido a este pueblo ya que no es lugar de paso para ir a ningún lado... quien quiera conocer Barreras, tiene que ir a Barreras.  
   Esta localidad se encuentra entre Encinasola de los Comendadores, Saldeana y Villasbuenas; actualmente, es una pedanía de este último pueblo, y nunca fue un lugar populoso, siempre ha tenido pocos habitantes.
Iglesia de Barreras
 
   Los pueblos de Salamanca, salvo raras excepciones, vienen sufriendo, desde mediados del siglo pasado, una brutal despoblación que hasta ahora ha sido imparable. El fenómeno, aunque es evidente en todos nuestros pueblos -sólo hace falta darse un paseo en otoño o invierno, por las calles de cualquiera de ellos para comprobarlo- ,  cuanto más pequeño es el lugar, más visible es el problema,  como es el caso de Barreras.
  El INE contabilizaba, en 2017, en este pueblo, tan solo 24 habitantes; claro que  antes ha vivido tiempos mejores y, cuando allí vivía más  gente, celebraban sus fiestas correspondientes. Una de  ellas, quizá la más conocida, era la "La Fiesta de los Cucos".

   Entre la gran variedad de aves que podemos observar en nuestros campos, una de las más populares es el cuco, un pájaro que, al ser bastante huidizo, es poco conocido por su aspecto; en cambio, todos somos capaces de reconocerlo por su canto tan característico.
   En el mundo de las aves, distinguimos dos grandes grupos; las aves sedentarias, que son aquellas que permanecen entre nosotros durante todo el año, y las aves nómadas, que son las que nos acompañan sólo en determinadas épocas del año.
   Los cucos pertenecen a este segundo grupo; están en España, acompañándonos, durante la primavera y el verano, aprovechando su estancia aquí para criar, y, cuando llega septiembre, nos dejan,  marchándose a África, donde pasarán el otoño y el invierno.
   Su vuelta a la península,  habitualmente, tiene lugar en la segunda quincena de marzo; pero, si el clima no es favorable, pueden retrasar su llegada hasta los primeros días de abril.
   El regreso de los cucos a estas latitudes, por estas fechas, ocurre de forma tan constante que el refranero popular dice al respecto: "Si el cuco no canta, entre marzo y abril, es que el cuco se ha muerto, o es que ha llegado el fin"  -supongo que se refiere al fin del mundo, así que más vale que siga cantando mucho tiempo-

   Cuando a finales de marzo damos un paseo por el campo, ya podemos escuchar el canto del cuco, un signo evidente de que los rigores del clima invernal ya han desaparecido dando paso a unas temperaturas más suaves. Este es el motivo por el que nuestros abuelos llamaban al cuco  "El pregonero de la primavera" pues su vuelta a la península, desde sus cuarteles de invierno africanos, siempre coincide con la llegada de esta estación.
   Volviendo a los dichos populares; la gente de los pueblos, cuya economía está íntimamente ligada a los avatares que trae el clima, en un "alarde de sabiduría", también dice a veces:  "Cuando el cuco canta, llueve, hace sol, truena o descampa".

  Los cucos, además de su inconfundible canto, tienen otra característica que les hace muy especiales y es que  son aves parásitas, no hacen nidos para criar. Su "modus operandi" es el siguiente: Una vez que la cuca y el cuco han "andado de corribanda", ella pone sus huevos en el nido de otros pájaros siendo "estos padres adoptivos" quienes empollan y crían a los pollos del cuco.
   La hembra del cuco no elige al azar los nidos que parasita, escoge los de aquellas aves cuyos huevos tienen un color similar a los suyos, con el fin de que los padres putativos no se den cuenta de que ese huevo no es suyo.
  Para llevar a cabo la operación "cambiazo del huevo" , la cuca localiza a alguna pareja que ya esté  incubando los huevos, la vigila de cerca, y, cuando ve que los padres abandonan momentáneamente el nido, generalmente para ir a comer, se acerca al mismo, empuja fuera del nido uno de los huevos que están siendo incubados  y, en su lugar,  pone uno de los suyos. Dichas operaciones ha de realizarlas rápidamente, para que los dueños del nido no la pillen "in fraganti"·.
  Cuando vuelven los dueños del nido a seguir empollando sus huevos, casi nunca se dan cuenta de la maniobra ya que van a encontrar el mismo número de huevos que había, cuando se fueron, y todos con un color similar, por lo que  seguirán su proceso de incubación convirtiéndose así, sin pretenderlo,  en padres del pollo del cuco.
  Esta operación de colocar sus huevos en nido ajeno, por parte de la cuca, la repetirá, posteriormente, varias veces, a lo largo de la temporada de cría, en otros nidos diferentes,  asegurando así su descendencia.
  Como podemos ver, los cucos tendrán sus virtudes, pero la paternidad responsable no es una de ellas.

  Si los pájaros fueran envidiosos como los humanos, estoy seguro que el resto de la avifauna macho envidiaría al cuco. ¡Vaya vividor! Se pone a cantar...con sus cantos conquista a la cuca...se lía con ella... y, después de una breve e intensa relación, la abandona  siguiendo con sus cánticos para conquistar otra, y después otra, y otra, y...
   Ella, por su parte, se dedica a repartir huevos en nidos ajenos desentendiéndose de ellos, con el riesgo de provocar grandes traumas psicológicos entre los pájaros que crían a los pollos de los cucos, y quién sabe si divorcios aviares,  porque ya me diréis cómo puede justificar la madre de ese nido, ante el padre, cuando nacen los pollos, el poco parecido que guarda uno de ellos con los progenitores.
   Esta época de ajetreo y crianza en nidos ajenos, que realiza el cuco, tiene lugar durante abril y mayo; después, al llegar junio, ya dejamos de oír su canto debido a que, a estas alturas de la temporada, la época de cría ha finalizado. A partir de ahí, siguiendo ya un régimen de vida más sosegado, permanecerá con nosotros hasta septiembre, que es cuando nos abandona para ir a pasar la etapa africana.

  Familiarmente, se dice de un hombre, o mujer, que es muy cuco/a, cuando queremos indicar que es un espabilado/a, y,  la vez, un poco sinvergüenza; lo cual no debe extrañarnos nada a la vista de "las hazañas" de estos pájaros.

   Volviendo a Barrreras, a su "Fiesta de los Cucos", del mismo modo que en la capital, el río Tormes adquiere mucho protagonismo en la misma; aquí, también tenemos un río que tenía algo de protagonismo, El Huebra, ya que la orilla derecha del mismo era uno de los destinos elegidos, por la gente de este pueblo, para ir a comer el hornazo ese día.
   Como la celebración de la fiesta es siempre en plena primavera, los cucos ya andan por aquí y el canto insistente de los mismos acompañaba, durante toda la tarde, a la gente que iba de merienda al campo - si hablamos de esta fiesta, desgraciadamente, también hay que hacerlo en pasado, es una más, de nuestras fiestas típicas, que sólo quedan en el recuerdo-

  Hace años, pregunté a un hombre de Barreras el motivo de que esta celebración recibiera el nombre de "Fiesta de los Cucos", y que si era debido a que, ese día, emulando a esas aves, hombres y mujeres se dedicaban libremente a *********, y después "si te he visto no me acuerdo".
   Al oír mi pregunta, estuvo riéndose un buen rato y me explicó que la gente del lugar, en este aspecto, si guardaba parecido con algún ave era con las cigüeñas, que se emparejan para toda la vida -esta conversación la mantuve hace más de 30 años;  entonces, el índice de divorcios era muy inferior al actual- ; y que la crianza de los niños allí discurría exactamente al contrario de lo que hacen los cucos pues cada matrimonio se ocupaba con gran dedicación al cuidado de sus vástagos (sus pollos).
   Al vivir en un pueblo tan pequeño, los niños eran pocos y mantenían una estrecha relación entre sí y con el resto de personas adultas; se criaban libremente y eran muy felices. Como apenas circulaban coches por las calles del pueblo, ni pasaba gente extraña por allí; desde muy pequeños, siempre tenían la puerta de casa abierta para entrar y salir libremente de ella, pasándose el día jugando en la calle, con el resto de los muchachos. Cuando llegaba el atardecer,  indefectiblemente, cada uno volvía a su nido (la casa de sus padres).
   Mi informante, la única relación que encontró para que la fiesta recibiera este nombre, es que los chicos, cuando llegaban estas fechas, en ocasiones, para poder relacionarse con alguna chica, a menudo imitaban el canto de los cucos, algo que despertó en mi una gran curiosidad.
Río Huebra  (Barreras)

   Actualmente, es muy fácil poder comunicarnos con los demás; gracias a los móviles, tenemos la posibilidad de enviar whatsApps, mensajes, hacer llamadas directas o enviar e-mails; pero entonces no disponíamos de estos medios; concretamente, en Barreras, en aquella época, ni siquiera había teléfono en los domicilios particulares, -en la década de 1970 creo que sólo había un teléfono público-  por ello, antes, si un chico del pueblo estaba interesado por una chica  y esta le correspondía, cada vez que quería hablar con ella tenía que acercarse a su casa y avisarla para que supiera que estaba fuera esperándola.
   Claro que al interesado, ni se le pasaba por la cabeza llamar a la puerta de la casa para invitarla a salir, esto sólo era posible cuando la relación era ya muy duradera y estaban al borde del matrimonio; por lo tanto, cuando un chico quería ver a su enamorada, lo tenía algo difícil y debía arreglárselas de diversas formas.
   Una de las tácticas, para avisar a la chica, era convencer a una de sus amigas para que fuera a llamarla para salir, pero como no siempre había una mensajera  dispuesta a ejercer de  intermediaria, en primavera era muy común que "el pájaro enamorado" se colocara en alguna esquina cercana a la casa de la chica que pretendía, y, desde allí,  imitaba el canto del cuco. Cuando la moza correspondiente, oía este reclamo, daba una excusa razonable a sus progenitores para salir de casa, y se dirigía a su encuentro.
   Estos "cuu-cuus" provenientes de las esquinas, curiosamente, no dejaban de ser reclamos de amor como los que hacen cucos; mas no se limitaban a una sola fecha, sino que tenían lugar durante toda la primavera. Como la celebración de "La Fiesta de los Cucos" se circunscribía a un día concreto,  intentar justificar el origen de la fiesta, por estos reclamos amorosos, no parecía que fuera un argumento suficiente para darle nombre a la misma. 

 Posteriormente, coincidí un día en Vitigudino con una mujer de Barreras, ya mayor -entonces me pareció mayor, porque yo era muy joven; seguramente, hoy  me hubiera parecido menos mayor- ; la señora era muy agradable y aproveché para preguntarle sobre dicha fiesta, cuyo origen tanta intriga me producía.
  Al haber oído ya, previamente, la versión de un hombre respecto a la misma,  escuchar la de una mujer me resultaba de lo más interesante.  Ella, tal como ocurriera con el informante anterior, me indicó que siempre la había conocido por este nombre,  y que tampoco sabía, realmente, si tal denominación tenía relación con algún hecho o acontecimiento más antiguo que se hubiera perdido en el tiempo.
  Opinaba que "La Fiesta de los Cucos" recibía ese nombre, simplemente, porque era una celebración muy esperada por la gente del pueblo. En ella se salía a comer el hornazo al campo y, al coincidir siempre en primavera, los cucos ya estaban presentes en la zona, cantando en los árboles; así que asociaban la fiesta con el canto de estos pájaros.
   Como la fiesta es móvil en el calendario, del mismo modo que ocurre con Carnavales, Semana Santa y Pascua; la fecha concreta de su celebración variaba todos los años y, por ello, cada año, al preguntarle los niños a los padres, que cuándo iba a ser la fiesta;  éstos, para no tener que  andar haciendo cálculos y comprobaciones, siempre respondían: "Cuando canten los cucos"; así  nunca fallaban.  Aquella buena mujer opinaba que ese era el motivo de que a la fiesta tuviera tal nombre. 

   Aproveché también para preguntarle si era verdad que cuando un chico pretendía a alguna chica, en primavera, al ir a llamarla a su casa, imitaba el canto del cuco para que saliera, sin tener que acercarse a la puerta de su casa.
   La pregunta le hizo mucha gracia y esto me hizo pensar que lo que acababa de preguntar era una estupidez, pero resultó que era cierto.
  Afirmó que ocurría en primavera y en otras estaciones, y que los padres, como no eran tontos, ni sordos, cuando sonaba algún "cuu-cuú"  después del atardecer, próximo a una casa, y en ella había alguna chica en edad de merecer, solían decirle a ésta:
­  - Cuando veas a fulanito le dices que no moleste a la vecindad (en un pueblo tan pequeño, todo el mundo, incluidos los padres, sabía quién era aquel cuco tan raro que en vez de cantar durante el día, desde la rama de un árbol, lo hacía en una esquina, al amparo de la oscuridad de la noche).
 - No sé por qué se molestaban tanto en andar rondando la calle de noche -comentó la mujer-, ya que el recado de los padres, habitualmente, sólo podían dárselo, en el mejor de los casos, al día siguiente, pues casi nunca nos dejaban salir a aquellas horas... y menos si había "algún cuco" rondando por allí.

jueves, 1 de marzo de 2018


La cuba de vino


      (La vida es una tragedia para los que sienten, y una comedia para los que piensan, De la Bruyere)

   Los humanos, como seres vivos que somos, tenemos un ciclo vital que comienza con el nacimiento de cada uno y finaliza con la muerte; el espacio de tiempo que transcurre entre esos dos momentos tan fundamentales de nuestra existencia, es la vida... nuestra vida.

   Las personas vivimos sin saber cual va a ser nuestro último día; esto es algo que escapa a nuestro conocimiento; aunque, bien mirado, esto no deja de ser una suerte ya que sería terrible vivir, sabiendo de antemano nuestra fecha de caducidad.
   La poesía, ese género literario que pretende expresar la belleza de las cosas, a través de las palabras, también tiene cabida aquí; alguien, inspirado por las musas, dijo en su día que “el destino de cada uno está escrito en las estrellas"     
  
   Otra de las cualidades que tenemos los seres vivos, es que cada especie animal está predestinada a vivir un tiempo determinado, y  nosotros, como animales que somos  -unos más que otros, eso sí-  no podemos hacer nada para alargar nuestra existencia; en cambio, lo que sí está en nuestras manos es la forma de vivir. 
   Los más sabios de los hombres, en esto todos se muestran  de acuerdo, piensan que, mientras "estemos por aquí" , hay que procurar vivir lo mejor posible. No debemos limitarnos a existir, hay que procurar vivir de forma activa, disfrutando de nuestra existencia, viviendo plenamente día a día...en pocas palabras, debemos intentar ser felices.

  La felicidad no es un artículo que puede adquirirse en las tiendas, al gusto del consumidor, algo visible y palpable que podemos llevárnoslo a  casa como si fuera una mercancía más; en realidad, es un concepto que tiene un significado diferente para cada persona; por lo tanto, cada cual la obtiene a su modo. 
   No existen unas directrices universales cuyo seguimiento permita que  todos alcancemos el mismo grado de felicidad; eso no es posible porque cada persona es un ser único y diferente a los demás, con sus propias aspiraciones o pretensiones, y con sus virtudes o rarezas; por ello, lo que es bueno para uno,  puede no serlo para los demás.
  Lo que está claro es que, para encontrar el camino de la felicidad, precisamos  tener cubiertas algunas necesidades básicas;  sobre este particular, Bertrand Russelll, un filósofo británico, afirmaba que la felicidad se basaba en cuatro pilares fundamentales: salud, medios suficientes para no sufrir privaciones -aquí se refería al dinero, que nadie piense en otros medios-, unas relaciones personales satisfactorias, y el desempeño de una actividad laboral con éxito.
   Además de estos condicionantes necesarios para poder ser feliz, cada cual  debe encontrar su felicidad personal desarrollando aquellas aficiones o actividades que le resulten placenteras, debiendo realizarlas, siempre, a su justo tiempo; no podemos vivir postponiendo excesivamente las cosas, dejándolo todo para un mañana que no estamos seguros que vaya a llegar.
   Actuando de este modo, conseguiremos que, cuando la Parca llame a nuestra puerta, no nos pille desprevenidos y tengamos que irnos con ella, dejando pendientes asuntos importantes, o que signifiquen  mucho para nosotros,

    Anisio, un hombre de nuestra comarca, en una ocasión se encontró ante un  dilema de este tipo.
 
    Aquella mañana, se encontraba el médico, en el consultorio local, acabando de ver a los pacientes, y, tras salir el último de ellos, alguien llamó a la puerta. Era un hombre del lugar y el galeno, que lo conocía sobradamente, le hizo pasar.
-  ¡Pase  Anisio!...Usted estuvo aquí ayer ¿no?
- ¡Si señor!, yo vine ayer a la consulta -respondió el paisano-  Perdone que venga sin cita, pero es que tengo un problema importante; más bien una duda,  y venía a ver si podía usted resolvermela. 
   No sé si recordará que me mandó ayer a Salamanca, para que me vea el especialista; pero es que no me dijo, exactamente, qué es lo que tengo, y como no sé si es grave, leve o regular, no estoy tranquilo. 
  Voy a serle muy sincero, entre otras cosas, porque con el médico siempre hay que serlo. Lo único que me interesa saber es si tengo algo malo... con eso es suficiente. Sé que no soy joven y, también, que aquí todos estamos  de paso; así que no voy a asustarme por lo que pueda decirme. Lo que ocurre es que, como ya le dije antes, tengo un problema bastante importante,  y no sé cómo resolverlo. Todo va a depender de lo que usted me diga.

   El médico escuchaba con atención al hombre que tenía delante, deseando que se dejara de tanto preámbulo y fuera directo al problema que tenía, cuya solución iba a depender de lo que él opinara, pero éste siguió con su retórica.

- ¡Verá!, tengo una viña y, del vino que hago, una parte la vendo y otra la dejo para mí, para el consumo de casa. El año pasado, la cosecha fue  buena y el vino salió excelente...fue tan bueno, que el que vendí se puede decir que me lo quitaron de las manos.
  De la parte que dejé para mí, tengo reservada  una cuba y pensaba abrirla en alguna ocasión especial. Ayer tarde, en casa, estuve cavilando sobre lo que me había dicho usted por la mañana... que creía necesario que me viera el especialista, y llegué a la conclusión de que, si voy a durar poco, quizá este era ya el momento para abrir la cuba. Esa es la razón por la que he venido; le pido que sea usted franco conmigo y que me diga si tengo algo malo; porque si es así, hoy mismo abro el tonel que tengo reservado y empiezo a beberme el vino.  

   El hombre, concluyó su disertación de este modo: 

- No quiero irme “al otro barrio” y dejar "en este" la cuba llena, para que encima se la beban otros. Mi abuelo, que sabía mucho mucho de las cosas de la vida, decía que “para allá sólo te has de  llevar, lo que te puedas tomar”.
 
  El médico, que había permanecido sumamente atento a las largas explicaciones de su paciente, esperando encontrarse ante algún asunto de salud, de difícil resolución, cuando oyó  la naturaleza del problema que éste le había planteado, no pudo contener la risa;  así que tuvo que taparse la boca con la mano para evitar que el dueño de la cuba se enfadara; al fin y al cabo, él lo consideraba una cuestión importante, su razonamiento era muy respetable y estaba pidiéndole ayuda para resolver el "problema"  que tenía con su cuba de vino.
  
- Mire, respondió el doctor, le he mandado al especialista porque ha estado malo bastante tiempo y, aunque ha mejorado mucho con el tratamiento que le puse, la tos no acaba de desaparecer; por  eso quiero que le vean bien...por si le ha quedado alguna secuela... o por si la tos es debida a otra causa. Yo no creo que sea nada importante, pero eso él se lo dirá. 
- ¿Entonces usted cree que puedo esperar para abrir la cuba?. Preguntó Anisio, que por lo visto mostraba más interés por el destino del vino, que por su tos.
- ¿Es muy grande?, respondió el médico
- No, es pequeña. Hace cuatro cántaras. Si una cántara tiene 16… debe contener unos 64-65 litros, respondió Anisio.
- ¿Eso cuanto le dura a usted?, preguntó el doctor.
- Depende de cómo esté el vino, contestó el dueño de la cuba. Si sale bueno... menos, y si no sale tan bueno... algo más. Un litro me viene durando dos días; si invito a alguien, algo menos, evidentemente.
- El médico hizo mentalmente sus cálculos: O sea, que una vez abierta la cuba, le duraría dos meses, aproximadamente. 
- Sí, por ahí -respondío Anisio-. Quizá algo menos, siempre regalo algo a los amigos.
- Entonces no la abra todavía - concluyó el médico, que en su vida profesional no recordaba haberse encontrado nunca calculando cuánto le podía durar una cuba de vino, de cuatro cántaras, a un paciente-
   Creo que puede esperar a que le vean y, una vez que ya sepa los resultados, actúe en consecuencia; pero repito que no creo que tenga nada malo... aunque hay que asegurarse de ello.
   En el peor de los casos, si hubiera algo importante, tampoco va a ser tan malo como para no darle tiempo a acabar la cuba. Sobre esta cuestión, creo que puede estar tranquilo.
- ¡Estupendo!, contestó muy satisfecho Anisio. No sabe lo que eso me tranquiliza. Gracias por la aclaración. Ahora sé que puedo esperar para abrirla. Cuando la empiece lo sabrá porque le traeré una botella; ya verá lo bueno que está el vino de este año. ¡Hasta otro día!.
El Duero desde El Castillo de Vilvestre.

(Esto "consulta medica" tuvo lugar en Vilvestre. En los pueblos de la Ribera, el microclima existente en las orillas del Duero  permite que en sus laderas haya cultivos propios de un clima mediterráneo como almendras, aceitunas, naranjas, granadas...También hay viñas con las que se elabora un vino muy agradable al paladar, como el del dueño de la cuba, que, por cierto, no se llamaba Anisio)