Fonsi y Boni tenían la misma edad, 46 años, y cuando eran niños habían sido compañeros de escuela; un día, se pelearon en el patio; eran tiempos en que los profesores aún tenían licencia para educar libremente y su maestro les preguntó qué es lo
que había pasado y quién había comenzado la contienda; viendo que
ambos se culpaban mutuamente, rememorando a Salomón resolviendo disputas, no
anduvo perdiendo el tiempo con indagaciones ya que entonces las peleas entre chicos eran un juego más, así que decidió que ambos eran culpables -nadie era inocente hasta que se demostrara lo contrario- , uno por haber iniciado la reyerta y al otro por haber sido incapaz de
controlar sus impulsos primarios y haberla continuado, imponiendo a los dos el mismo castigo..
Los dos chicos, sintiéndose víctimas del
“dictador del maestro”, al tener un enemigo común, olvidaron sus propias
rencillas, comenzaron a sentir un aprecio mutuo y, a partir de ahí, se hicieron
amigos inseparables; continuaron su amistad en la adolescencia, juventud, y en la edad adulta. Se casaron ambos con dos chicas del lugar continuando, ya de casados, siendo camaradas y, como vivían en un pueblo y en estos lugares, antes, la gente era muy dada a poner apodos a las personas; en su caso, compartían el mismo, algo que, por otra parte, les satisfacía mucho a los dos, cosa
extraña tratándose de un mote. Ambos, eran conocidos en el pueblo por el
sobrenombre de “los amigos”, debido a su inquebrantable amistad.
Tras tantos años de relación, habían sido inevitables las riñas y
disputas entre ambos, casi siempre por nimiedades; pero siempre se habían
reconciliado rápidamente ya que su amistad estaba firmemente consolidada; aun en las
etapas de mayor enfado, incluso cuando dejaban de hablarse, algo que no duraba
más allá de unas horas o como mucho un día, siempre hablaba bien uno del otro diciendo entonces: “yo ahora no me hablo con “mi amigo” Boni, o Fonsi -según los casos- .O sea, durante esas breves etapas de enfado, ellos en vez de amigos, pasaban a ser “enemigos amigables” y de ahí no pasaba el
asunto. Por ello, aquel día de abril, a las doce del mediodía, nadie se
explicaba qué cosa tan terrible debía haber pasado entre ellos, para que ambos estuvieran en el cuartel de la Guardia Civil declarando sobre un hecho
ocurrido dos horas antes.
No solo se habían peleado verbalmente, también habían llegado a las manos; no teniendo la pelea consecuencias más serias, gracias a la intervención de dos paisanos que se hallaban cerca. Estos, habían oído los improperios que se habían dirigido los rivales al empezar la gresca, se habían acercado a ver lo que pasaba, y los encontraron en el suelo dándose puñetazos en la cara, costándole un enorme esfuerzo separarlos ya que los dos insistían en continuar el combate pues aún no estaban satisfechos de la ración de golpes que cada uno le había
proporcionado al otro –me atrevo afirmar que aún los estaban menos de los golpes recibidos-.
Una vez consiguieron apartarlos, cada pacificador se llevó a uno de los púgiles, alejándose de allí por caminos diferentes para evitar que aquellos boxeadores noveles tuvieran la tentación
de enzarzarse en un segundo asalto. Como ambos tenían erosiones y contusiones en la cara, sus asistentes decidieron
llevar, cada uno por su lado, al luchador correspondiente, a la consulta del médico para que les curara las heridas de guerra.
Era media mañana, en la sala de espera del
consultorio se encontraban varios “pacientes y pacientas” esperando su turno
para ser atendidos por el médico, que en ese momento estaba en la consulta viendo a una mujer, y cuando vieron llegar al primero de los
contendientes, a Boni, con las heridas en la cara, acompañado de su asistente,
todos se dirigieron a él preguntando qué
había pasado; pero el lesionado fue muy parco en sus explicaciones y contestó que
había tenido un incidente sin mencionar con quién.
Le informaron que el doctor estaba ocupado y que cuando saliera le cedían la vez, dándole preferencia
absoluta, por ser un herido en combate; alguien le cedió
una silla y todos los presentes permanecían mirando en silencio al herido que
en ningún momento quiso dar explicaciones sobre lo sucedido, pero la paz de la
sala de espera se rompió cuando apareció
por la puerta Fonsi con su acompañante y con la cara en el mismo estado
que Boni, algo que dejó estupefactos a todos los presentes. Este ultimo, les dijo que había tenido un
incidente sin dar más información, y lo que menos se esperaban todos era que hubiera sido, precisamente,
con su amigo del alma...con Fonsi.
Aunque
todos sentían una gran curiosidad por saber lo ocurrido, nadie pudo preguntar nada
pues, al verse de nuevo, frente a frente, “los amigos”, ahora tornados
enemigos, empezaron a increparse y amenazarse de nuevo y, a semejanza de lo que sucede
en un ring de boxeo, donde cada uno de los luchadores, al comenzar cada asalto, sale de
su esquina al sonar el gong; allí, sin necesidad de que sonara nada, los dos avanzaron
hacia el centro de la sala, con intención de zurrarse de nuevo.
Lo espectadores -los usuarios de la sala de espera- , al ver que aquellos boxeadores aficionados
se disponían a reanudar su pelea particular, intervinieron interponiéndose entre ellos y gritándoles para intentar calmarles, formándose tal el guirigai, que hasta el médico y la mujer que
estaba atendiendo, alarmados se asomaron a la sala de espera, ahora convertida
en campo de batalla, a ver qué es lo que sucedía.
El sanitario, al ver aquella revuelta y tanta violencia verbal, volvió a entrar rápidamente
en la consulta y avisó telefónicamente a la guardia civil, para evitar males
mayores, presentándose, en cuestión de minutos, una pareja de agentes en el
lugar, para poner orden.
El hecho de que el coche de la guardia civil
llegara a toda prisa a la puerta del consultorio y de que los agentes bajaran del mismo a toda
prisa y pasaran al interior, fue motivo suficiente para que todo el que pasara por la
calle parase a ver qué es lo que estaba pasando allí dentro, dando lugar a que, en poco rato, hubiese en la calle una caterva de curiosos esperando a ver si salía alguien del
interior e informaba de lo que estaba sucediendo, pues dentro seguía oyéndose un
tremendo vocerío.
Los guardias civiles, al entrar en la sala de espera y ver tal algarabía, decidieron poner orden mostrando gran eficacia y un buen hacer; lo primero que hicieron, fue pedirle a la gente, no directamente implicada, que
abandonaran la sala de espera y salieran a la calle para quedarse ellos solos, con
los luchadores y los asistentes que les habían acompañado allí, consiguiendo, de este modo, tras mucho esfuerzo, que reinara el silencio.
Una vez que pasó Boni a ser atendido por el médico, de sus heridas, los agentes aprovecharon para avisar a otra patrulla de modo que, cuando
salió de la cura se lo llevaron al cuartel a declarar. Después, pasó Fonsi a
recibir atención médica y una vez acabada la misma, siguió el mismo camino siendo también conducido por los guardias al puesto, tal como sucediera con su compañero, a declarar.
Mientras tanto, en la calle, se
habían concentrado frente al consultorio médico más de dos docenas de personas,
preguntando, sumamente extrañados, unos a otros, qué es lo que había pasado exactamente, sin dar crédito a lo que estaban viendo: Boni y Fonsi se habían enfadado, insultado y hasta agredido…algo
inaudito; era lo último que podían esperar de aquellos dos hombres que, si
por algo se caracterizaban era, precisamente, por la profunda amistad que, al
menos hasta ese momento, siempre habían mantenido y que era el motivo de ser conocidos
en el pueblo por el sobrenombre de “los amigos”.
El caso es que ninguno de los dos había abierto la boca para decir qué
es lo que realmente había pasado, ni cuál había sido el origen de tamaña
trifulca, y cada espectador, aunque cada uno expresaba su propia teoría, todos
coincidían en lo mismo: No les cabía duda alguna de que el origen de aquel monumental
zipizape debía haber sido motivado por algo sumamente grave.
El sargento de la guardia civil, que fue quien se encargó de tomar declaración a los contendientes, tuvo que hacer verdaderos esfuerzos
para no reírse cuando supo la causa que había ocasionado la pelea entre “los
amigos”. Ambos coincidieron en señalar que el origen de lo ocurrido, que había
desembocado en aquel enorme alboroto, había sido consecuencia de una broma
surgida a raíz del canto de ¡¡un pájaro!!, concretamente, de un cuco.
Las
aves pueden ser clasificadas de diversas formas, siendo una de ellas la que las
diferencia en dos grandes grupos: sedentarias, que son aquellas que
permanecen entre nosotros a lo largo de todo el año, y migratorias,
grupo en el que se incluyen las que pasan solo una determinada época del año por
estas latitudes. A este segundo grupo, pertenecen los cucos.
Todos los años, a finales de marzo o comienzos abril, en
nuestros campos, comienzan a oírse unos sonidos inconfundibles, los cuu-cus que
emiten estos pájaros y que causan gran alegría a la gente en los pueblos, pues
esto es un anuncio sonoro de la llegada de la primavera.
Los cucos, tras pasar el otoño y el invierno en el sur de África, hacen
coincidir su regreso a España con el comienzo de esta estación, lo que supone que
el invierno ya ha quedado atrás y que el florecimiento de las plantas, tras el
descanso invernal, va a dar comienzo de forma inminente acorde a los ciclos de
la naturaleza, como viene ocurriendo desde el principio de los tiempos.
Estos pájaros, como el resto de las aves migratorias, aprovechan su estancia en la península para criar, permaneciendo
entre nosotros toda la primavera y la mayor parte del verano, regresando a sus
cuarteles de invierno, a África, en agosto, o comienzos de
septiembre los más rezagados. En junio, con la llegada del verano, dejan de cantar y no porque se
queden mudos por el aumento del calor, sino porque su canto, que es un
reclamo de los machos para atraer a las hembras -cosas del ligoteo-, ya no es necesario, porque el periodo de celo y crianza ya ha
acabado.
A partir junio, como dejan de cantar, da la sensación de que han desaparecido, lo que podría hacernos pensar que han
adelantado su marcha pero eso no es así, pues, como indiqué anteriormente, se van al final del verano, y aún siguen con
nosotros. No los vemos, simplemente, porque son unas aves muy reservadas y, cuando dejan de cantar, pasan totalmente desapercibidas ya que están siempre
están emboscadas en las ramas de los árboles que en esta época del año se encuentran pletóricos de hojas, por lo que no es fácil apreciar la avifauna que
se refugia en ellos.
Una de las características más destacables de los cucos, es que son aves
parásitas. Ellos, no elaboran, como otras aves, nidos para criar a
sus polluelos, y tampoco los incuban. La hembra del cuco, cuando necesita poner un huevo, localiza el nido de
alguna pareja que está criando y empollando sus huevos, aprovecha uno de los
ratos en que los propietarios del nido lo abandonan, se posa en
el mismo en calidad de okupa, elimina uno de los huevos de la pareja titular y en su lugar pone el suyo, abandonando después el "nido okupado"; así, cuando vuelven los "dueños legales" del nido , no se dan cuenta del cambio y siguen incubando los huevos, tanto los propios como el depositado por la cuca, convirtiéndose así en padres adoptivos del pollo de un cuco, sin saberlo.
Cuando nacen los pollos, el del cuco suele ser mayor que los pollos
auténticos, sin embargo, los padres adoptivos creen que es suyo –como ellos lo han empollado, piensan que, aunque ese hijo es un poco más raro de lo habitual, es suyo-
Los pájaros, cuando llega la época de criar, habitualmente se emparejan; construyen su nido; la hembra deposita en él sus huevos; los empollan y, cuando eclosionan los huevos y salen los pollos, los alimentan y protegen hasta que son capaces de volar
y emanciparse, comportándose como “unos padres ejemplares”.
En cambio, los cucos, como podemos ver, son unos auténticos vividores y la paternidad responsable no es una de sus virtudes. En el mismo
territorio suelen coincidir una hembra y varios machos, no hay parejas
establecidas, y ella “se relaciona” con unos y con otros – lo del poliamor,
ese concepto nuevo, que algunos consideran tan actual, ya estaba inventado por los
cucos desde hace miles de años-
Además, tampoco construyen nido alguno –¿para
qué, dirá la cuca, si sus huevos se los empollan otros pájaros-
Simbolismos y supersticiones en torno a los cuccos
Los cucos, al ser unas aves tan conocidas, están
presentes de manera notoria en el folklore en forma
de canciones, supersticiones, refranes, historias y leyendas.
Si el cuco no viene, entre marzo y
abril,
Es que el cuco se ha muerto, o ha
llegado el fin
¿Quién no ha oído este refrán alguna vez?
En lo alto la cigüeña, en el nido
está ya
A lo lejos el cuco, no deja de
cucar
Y de noche a las ranas, se las
oye croar
Es el fragmento de una canción,
una jota, concretamente, de Cerezal de Peñahorcada, en la que, curiosamente
aparece el verbo cucar. En el diccionario, cucar existe con el significado de azuzar,
incitar o estimular; pero no he encontrado nada que lo relaciona con el cuco (Si la RAE, continuamente, está admitiendo
anglicismos; supongo que no debería tener inconveniente en admitir que, en
Cerezal, el canto del cuco es cucar ¿no os parece?).
Los cucos, con frecuencia, también se asocian con
la locura; de hecho, la gente a veces emplea la palabra «cuco» para describir a
una persona loca. A los cinéfilos supongo que esto debe recordarles la película
“Alguien voló sobre el nido del cuco”,
donde el actor Jack Nicholson, desempeña un magistral papel como protagonista.
Otra
de las curiosidades relacionadas con esta ave, son los relojes de cuco; aunque sigue habiéndolos, ya no son tan populares como hace años, donde eran numerosas las casas que presumían de tener uno de estos relojes.
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Reloj de cuco (Wikipedia) |
Se trata de unos relojes de pared que tienen,
además de las agujas o el mecanismo digital, una figura en forma de pájaro, con movimiento, que
representa un cuco; éste, está habitualmente escondido tras una puerta, en el cuerpo del reloj, y, cada vez que le aguja grande recorre toda la esfera del reloj y llega a las doce, el pájaro sale de su
escondite a la par que el reloj emite
unos sonidos que recuerdan los cuu-cus, coincidiendo el número de los sonidos
con la hora que marca el reloj.
Sobre el cuco, también existen
algunas supersticiones de tipo adivinatorio; así, las chicas que no tenían
novio, al llegar la primavera, al primer cuco que oían le preguntaban cuántos
años quedaban para su boda. El número de veces seguidas que oían su canto, a
continuación de la pregunta, coincidía con el número de años que restaban para la
misma -si el cuco estaba inspirado en ese
momento y cantaba muchas veces, seguro que la chica no quedaba demasiado
contenta, pero le estaba bien empleado por fiar su futuro, nada menos que a un
cuco-
También los recién casados que aún no tenían hijos, a veces utilizaban la
misma técnica para saber el número de ellos que iban a tener, debiéndose llevar, algunas parejas, unos sustos tremendos -como desde que aparecieron los anticonceptivos, la
gente ya no deja en manos del azar el número de hijos que desea tener, dudo
mucho de que aún haya alguien que siga preguntándole al cuco sobre este particular-
Aunque esta
ave resulta simpática, ya que su presencia y sus cantos están asociados a la primavera,
la época más bonita que nos proporciona la naturaleza a lo largo del año; también
existen en él algunas connotaciones menos positivas, ya que el cuco es considerado un símbolo de fraude;
decir de una persona que es muy cuca, implica que es muy astuta y se vale, a menudo, de malas prácticas para obtener
beneficio propio. Esta similitud, no debe extrañarnos demasiado a la vista
de los hábitos de esta ave parásita, que elimina huevos de nidos ajenos, tirándolos al suelo e introduciendo en su lugar los suyos, engañando a otras aves para que estas empollen
otras aves.
También se le asocia,
frecuentemente, con el adulterio, algo que, si nos atenemos a la
realidad, no es correcto. Tanto la cuca, como el cuco, no practican el
adulterio, ellos no se inmiscuyen en las parejas ya establecidas, haciendo que
un pájaro / a sea infiel a su “consorte”, ya que ni siquiera se emparejan entre ellos, sino que practican, como indiqué anteriormente, el “poliamor”. Aunque, tanto
el cuco como la cuca, cada temporada suelen tener “varios novios/as”, no se
lían con la pareja de nadie.
De todos
modos, la relación del cuco con el adulterio sigue presente y los hombres, cuando escuchan cantar al cuco, a menudo bromean con ello; pero hay bromas que no
gustan a nadie, si uno le dice a otro que el cuco le está cantando a él,
indirectamente, le está llamando cornudo, y la respuesta que suele dar el compañero
es bastante previsible.
Aquella mañana
del mes de abril, Boni y Fonsi caminaban juntos por un valle; era un magnífico día soleado, la temperatura era muy agradable y las
expectativas de que ambos iban tener una buena jornada eran óptimas. Todo iba perfectamente, hasta que cantó un cuco.
-
Ya está el cuco por aquí y creo que te ha cantado a ti. Dijo Boni, que tenía ganas de broma.
A Fonsi, no le gustó demasiado la broma y contestó:
-
En todo caso te habrá cantado a ti…no
te jode.
-
A mí, jamás me va a cantar el
cuco.
- ¿Jamás dices? Nunca podemos estar seguros al 100% de
nada. Ya lo dice el refrán: “Nunca digas de esta agua no beberé y este cura no
es mi padre”.
-
¿Estás insinuando, que mi mujer
me la puede estar pegando?
-
No estoy dando a entender nada, sólo
pretendo decirte que ninguno estamos totalmente a salvo.
-
Serás tú con tu mujer.
-
A mi mujer ni se te ocurra
mencionarla, porque si no…
-
Porque si no…qué.
Y llegaron
el qué, el cual y el cómo.
Así es como había empezado el conflicto que había dado lugar
a que ambos amigos acabaran en el cuartel de la guardia civil aquella mañana.
Al ser Boni el primero en ser llevado por
los guardias al cuartel, también fue el primero a quien el sargento tomó declaración. Una vez acabada la misma, mientras que el sargento le leía la transcripción de lo que había dicho, para ver si estaba de acuerdo; el declarante apenas le prestaba atención pues
estaba sumido en sus pensamientos, meditando lo ocurrido.
-
¿Estás de acuerdo?, dijo el
sargento. ¡Si es así…firma aquí!
-
¿Y qué pasa si la firmo?. Preguntó
Boni.
- La envío al juzgado, te avisarán de allí para que te ratifiques en la declaración y ya te dirán como se
va desarrollar el proceso
-
O sea, que si firmo significa
que estoy denunciando a mi amigo.
- ¡Pues claro!, él te ha pegado ¿No
acabas de decir eso?
-
Sí, pero yo también le he pegado
a él; así que estamos en paz. Además, es mi amigo ¿Cómo voy a denunciarle? Yo no
voy a firmar nada.
El sargento quedó muy sorprendido al escuchar las palabras que acababa de oír. Tenía ante él a un hombre que una hora
antes estaba enfadadísimo con otro paisano; ambos se habían lanzado amenazas de todo tipo, se habían agredido físicamente y ahora, tras haberlo pensado fríamente, mientras
hacía la declaración, había llegado a la conclusión de que una cosa era pelearse con él y otra
denunciarle ante la justicia, algo que no estaba dispuesto a hacer porque, a pesar de todo, incluso de
los golpes recibidos, seguía considerando que era su amigo.
- Ahí fuera
está Fonsi -advirtió el sargento- y le voy a tomar declaración también; si opina lo mismo que tú...pues se acabó. Si él tampoco firma la denuncia, como comprenderás, no voy a enviar nada a ningún lado; pero tengo que tomarle declaración, así que no te vayas aún, después hablamos.
Cuando salió Boni del despacho, vio a Fonsi sentado, vigilado por un guardia, esperando su turno. Tenía algún apósito en la cara, tapando alguna herida, también hematomas y sintió un enorme remordimiento al recordar que las heridas se las había ocasionado él. Fonsi, a su vez, le miró y seguramente debió sentir la
misma sensación.
La
declaración de Boni había durado cerca de una hora, pero la de Fonsi apenas
cinco minutos.
Se abrió la puerta del despacho, se asomó el sargento y dijo:
-
¡Boni, entra!
El sargento se sentó en la mesa, le hizo
sentar al otro lado de la misma, junto a Fonsi y se dirigió a los dos:
-
Lo primero que quiero deciros, es
que siento envidia de vosotros. No sabéis lo que me gustaría que mis amigos tuvieran un
sentido de la amistad tan alto como el que los dos tenéis, ya que, a pesar de partiros la cara el uno al otro, insistís en que seguís siendo amigos.
- ¡Mira Boni!, Fonsi tampoco
te va a denunciar.