Las
fiestas de navidad son unas celebraciones muy alegres; las
ciudades y pueblos iluminan plazas y calles, las familias se reúnen en Nochebuena alrededor de la mesa para comer ricas viandas; suenan villancicos por doquier;
la televisión se empeña en que todos desprendamos un olor estupendo anunciando
innumerables anuncios de perfumes y colonias, etc.
Son unas fiestas para todos, pero los grandes protagonistas de las mismas, indudablemente, son los niños ya que son los grandes favorecidos. A algunos les visita
Papá Noel la mañana de navidad para dejarles sus regalos; otros los reciben la mañana
del 6 de enero, aunque en este caso los encargados de llevárselos es la competencia…los
Reyes Magos, y aún existe un tercer grupo, cada vez más numeroso, que son
aquellos que los reciben en las dos fechas.
En cambio, quienes resultan más desfavorecidos suelen ser los padres ya que, cuanto más encantados están los niños con los regalos de Reyes y Papá Noel, menos lo están ellos debido al precio de los juguetes.
Aunque las fiestas son alegres para
la gran mayoría de las personas, hay gente que apenas las disfrutan e incluso las viven con gran tristeza, en un claro
contraste con los primeros, se trata de los enfermos que, en estas fechas, permanecen ingresados en los hospitales debido a alguna enfermedad o una
reciente operación.
Si ya de por sí es penoso padecer una
enfermedad que obliga a una persona a permanecer ingresada en un hospital, aún lo es más cuando esto sucede en navidad, especialmente cuando se trata de un niño.
En el caso de los médicos y resto del personal, tanto
sanitario no sanitario, que trabajan en los hospitales; a ellos, aunque no les haga mucha gracia trabajar
el día de Nochebuena o Navidad, eso es algo inherente a la profesión y se lo toman (o al menos deberían tomarlo) con deportividad.
A lo largo de mi vida profesional he trabajado en varios hospitales y todos los años, cuando llega el día de navidad, guardo un recuerdo especial de uno de ellos, un hospital comarcal donde nos conocíamos todos.
Un año estaba de guardia el Día de Navidad; en la planta de pediatría estaban ingresados tanto los niños pertenecientes a dicha especialidad como al resto de los servicios; entre estos últimos nosotros teníamos uno a nuestro cargo y, al ir a verle a la planta aquella mañana, coincidió que, en aquel momento, se encontraba en ella un hombre vestido de Papá Noel.
Había sólo cuatro niños ingresados y Papá Noel estaba recorriendo las distintas habitaciones intentando animarles diciéndoles que pronto iban a “ponerse buenos” y regresar a sus casas, repartiendo además juguetes.
La verdad es que me gustó mucho la labor que estaba haciendo. Si hay niños que precisan mantener una ilusión en estas fechas, son aquellos que están hospitalizados.
Yo no era precisamente un niño que creyese en la magia de la navidad y menos aún que la Consejería de Salud hubiese enviado a alguien a hacer la función de Papá Noel y regalar juguetes a los niños, así que le pregunté:
- ¿De
donde ha salido este hombre? ¿Ha tenido este año el ayuntamiento el detalle de
mandar un Papá Noel para visitar a los niños?
Se trata de un particular -siguió diciendo-, es un empresario de un pueblo de aquí al lado, ya es el tercer año que viene a visitar a los niños ingresados la mañana de navidad; les trae juguetes y encima son buenos, no los compra en “los chinos”... todo sale de su bolsillo.
Es un tío genial, siguió alabándolo. Llama a la planta de pediatría el día antes para preguntar cuántos niños tenemos ingresados para calcular la cantidad de juguetes que tiene que comprar y siempre viene con una buena carga de ellos. Es un hombre muy generoso.
Las palabras de la enfermera me dejaron pensativo; desde que el mundo es mundo, en él hay gente de todo tipo: mala, normal y excelente, y no había duda alguna de que aquel hombre pertenecía al último grupo.
Como cada vez creo menos en las casualidades, pensé que debía existir algún motivo que le hubiera impulsado a implicarse de tal modo en la tarea de comprar juguetes para repartirlos la mañana de navidad, disfrazado de Papá Noel, entre los niños ingresados en aquel hospital, y pregunté a la enfermera si sabía por qué actuaba de aquel modo, explicándolo ella a continuación con todo detalle:
Cuando vino el padre a verles a media mañana y
la madre le contó lo ocurrido, este aseguró al hijo que iba recibir juguetes del mismo modo que si hubiera estado en su casa y que además, el mismísimo Papá Noel acudiría al hospital a
dárselos personalmente, la mañana siguiente.
La
empresa que tiene -siguió contando la enfermera- es un bar restaurante, no vayas a creer que encima es rico; le
conozco bien porque los dos somos del mismo pueblo. En el negocio trabajan él, la cocinera que es su mujer y dos camareros contratados.
Tras hablar con el hijo, llamó a los empleados por teléfono desde aquí... desde el hospital, les
dijo que ese día cerraran el bar y que emplearan el tiempo en ir a comprar un
traje de Papá Noel donde hiciera falta; nos preguntó cuántos niños, además del
suyo, iban a permanecer ingresados; preguntó a sus padres qué deseaban que les trajese Papá Noel la mañana siguiente, porque iba a venir a visitarles al hospital, contándole sus
planes y, aunque algún padre propuso colaborar económicamente, no lo aceptó. Insistió
en que no iba a ser necesario porque Papá Noel era mágico, aunque la magia la
puso él pagándolo todo… todo sea dicho. Así fue como Papá Noel, hace ya cuatro años, visitó por primera
vez la planta de pediatría aquella mañana de navidad.
En
aquella ocasión fue uno de sus empleados quien hizo de Papá Noel, él no quiso porque
su hijo hubiera reconocido su voz.
Yo no
estaba aquella mañana, siguió narrando la enfermera, todo esto lo contó la
compañera que estuvo y nos contó a las demás que fue muy emocionante ver la
cara de asombro de los niños al ver como Papá Noel, en persona, les visitaba en
la habitación del hospital repartiendo regalos.
Cuando llegó a la habitación del hijo de Joaquín, este le dijo al niño:
-
Ves cómo se ha
cumplido lo que te prometí. Papá Noel sí viene a los hospitales a traer
juguetes a los niños.
Desde entonces, el día de Navidad cierra su negocio para que descansen los empleados y porque tiene una misión: venir a la planta de pediatría a traer juguetes a los niños. ¡Ojalá existieran muchas personas como él! Exclamó la enfermera, sin poder disimular su admiración por aquel hombre.
