miércoles, 20 de diciembre de 2017

El marrano de Neme


   Neme, uno de los carniceros del pueblo, era un hombre muy trabajador. Criaba ganado, lo mataba, y en su carnicería vendía la carne. Al realizar, él mismo, todo el proceso de producción, el negocio marchaba muy bien por lo que podríamos considerar a Neme un  hombre afortunado; pero, en esta vida, no hay nada perfecto; sobre el cielo de cada persona siempre hay alguna nube -algún inconveniente- más o menos importante y, en el caso de Neme, la nube que cubría su cielo, que le acompañaba desde que nació, y que molestaba enormemente al carnicero, era que, a pesar ser muy limpio, tanto con su persona como con sus productos, era conocido en el pueblo con apodo de “El Marrano”.
   El mote lo había heredado de su padre  y éste, a su vez, del abuelo; por lo tanto, al ser hijo y nieto  de “unos marranos”, Neme, desde antes de nacer, ya estaba predestinado a heredar  el apodo familiar (hay herencias en los pueblos que, por muy mal que sienten, no se las puede uno quitar de encima).
   Un día, llegó al pueblo el capador y el alguacil, tal como se hacía entonces, echó un pregón para  que lo supiera la gente. Neme, cuando se enteró, requirió sus servicios para castrar unos cerdos (el oficio de capador lo ejercía en nuestra comarca, hace años, un hombre de Villavieja que se desplazaba por los pueblos para realizar su trabajo).
   La pelea con los guarros fue dura. Éstos se resistieron lo suyo -sus razones tenían- y, durante la faena, Neme, que sujetaba con la ayuda de un vecino a uno de los cerdos, para que el capador pudiera llevar a cabo su objetivo, sufrió un corte en una mano de forma accidental. La hemorragia fue bastante copiosa y con la sangre se manchó la camisa y el pantalón de forma muy aparatosa.
   Tras acabar la castración de los animales, con las prisas, sin cambiarse, acudió al médico a recibir tratamiento. Al llegar a la puerta del consultorio, se cruzó con una vecina que salía de allí en aquel momento y, al verle, apretándose la mano herida con la otra, y con la ropa manchada de sangre,  preguntó:
-        Neme ¿Qué te ha pasado?
-     Ha sido un accidente, contestó éste con mucha entereza, estábamos capando los cerdos, uno de ellos se movió mucho y el capador me ha cortado. Vengo a que el médico me cure la herida.
     La vecina le deseó un rápido restablecimiento,  siguió su camino,  y al cruzarse con otra mujer  le dijo así:
-     Estaban capando a un marrano de El Neme, el animal se ha revuelto, y el capador sin querer,le ha cortado. Creo que iba lleno de sangre, medio mareado, al consultorio para que le curara el médico.
Esta segunda mujer, al poco rato, se cruzó con otra y le transmitió el siguiente mensaje:
-        A Neme “El Marrano” le han visto entrar en el consultorio lleno de sangre, con unos dolores tremendos y muy mareado. Por lo visto iban a caparle un cerdo y el capador, sin querer, le ha dado un corte tremendo a él.   
La tercera mujer. a su vez,  transmitió la noticia, a otra mujer,  así:
-        Estaban capando a un marrano de Neme “El Marrano” y el capador, accidentalmente, ha quien ha cortado ha sido a él.  Le han visto entrar donde del médico, lleno de sangre, con unos dolores tremendos, totalmente mareado. Creo que le llevaban entre dos personas.
      La cuarta mujer, cuando vio a otra vecina, le contó lo siguiente:
-        Estaban capando a un marrano de Neme “el Marrano” y el capador, sin querer, en vez de capar al marrano, a quien ha cortado ha sido a Neme. Pobre hombre, le han visto entrar en el consultorio lleno de sangre, con unos dolores tremendos. Estaba muy mareado, no se tenía en pie, y creo que entre dos hombres le llevaban en volandas.
Obviamente, la noticia siguió circulando -para eso vivían en un pueblo, y en estos lugares  todos sabemos que la vida privada no existe-   y si mezclamos a un capador, a dos marranos (al de cuatro patas y al de dos)  y a un hombre herido, la cosa no podía acabar de otra manera.    Antes de que Neme abandonase la consulta del doctor, la versión de los hechos, que corría por el pueblo, era que éste había sido castrado, accidentalmente, por el capador de Villavieja.
Y es que es sabido que, cuando las noticias corren de boca en boca siempre se trastocan.

(Esto sucedió hace bastante tiempo en un pueblo de nuestra comarca, aunque el protagonista no se llamaba Neme. Tal como hacen en las películas americanas, he cambiado el nombre para proteger su intimidad). 

2 comentarios:

  1. ¡Pobre Neme!… con lo que tiene que doler eso.
    En La Zarza el capador de cerdos, que yo recuerdo, era el que refieres de Villavieja, que llevaba un “chiflo” o flauta similar en forma y sonido a las que usaban los afiladores, con la que avisaba de su presencia. Recuerdo muy bien cómo actuaba con su pequeña cuchilla.
    Te refieres a los motes de los pueblos y me refrescas que desde el comienzo de la página hay por ahí aparcados más de un apartado que no han salido a la luz; entre ellos el de los motes en La Zarza. Alguno me ha animado, indicándome el suyo, el de su familia, pero yo siempre he dicho que si no logro al menos cinco motes, con consentimiento del que lo lleva o su familia directa, no empiezo. Nunca hemos pasado de tres. La verdad es que algunos son insultantes, vejatorios, …

    FELIZ NAVIDAD y FELIZ AÑO NUEVO, lleno de nuevas (viejas) historias, cuentos y cosas que nos sigas contando
    -Manolo-

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  2. Conocer a la gente por los motes o apodos, como prefieras llamarlos, era una costumbre muy arraigada; tanto, que a veces la gente no sabía como se llamaban, realmente, algunos. En una ocasión, en una calle de de Vilvestre, pregunté a varios hombres, que estaban de corrobla al sol, cual era la casa de uno de los vecinos de la calle y, como al preguntar por él, lo hice diciendo nombre y los apellidos del mismo, ninguno d ellos sabía de quine se trataba a pesar de vivir en la misma calle. Cuando uno de ellos entró en casa y preguntó a su mujer, resultó ser su vecino de al lado. Yo preguntaba por un Francisco ***** (no recuerdo el apellido), y resulta que el hombre era conocido por todos como Paco "El barroquejo".
    Feliz Navidad y Feliz Año Nuevo, que nos traiga salud para todos.

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