martes, 10 de enero de 2017

El Pronosticador


  Actualmente, es fácil saber el tiempo que va a hacer durante los días próximos. Si miramos el teléfono móvil, allí encontramos aplicaciones que nos indican, entre otros datos, la temperatura, la velocidad del viento, si va a estar soleado o nuboso o si va a llover. En caso de lluvia, incluso nos informa  de su intensidad  y hasta de la  hora aproximada en que comenzarán a descargar las nubes (si alguno lo desea, también nos proporciona información de la temperatura que hace en Tokio, lo cual es interesantísimo para los que vivimos por aquí). 
   Cuando elegimos la televisión, para ver las previsiones del tiempo, la información que ésta nos ofrece es completísima; allí encontramos espacios dedicados al tiempo que, durante diez o quince minutos, ofrecen una inmensa cantidad de información,  no sólo sobre las previsiones del tiempo que vamos a tener sino de otros muchos aspectos  relacionados con el clima. Todo esto, es posible gracias a la Meteorología, que es la ciencia de la que se valen los meteorólogos  para elaborar los  pronósticos del  tiempo.
  Hoy día, aunque el grado de cumplimiento de las previsiones climáticas  nunca llega a ser del 100%,  el porcentaje de aciertos se  aproxima  mucho a esta  cifra.
   La televisión, la radio, los teléfonos móviles y los demás medios que nos permiten recibir  noticias del tiempo, aunque parece que llevan ya mucho  tiempo entre nosotros,  en realidad forman parte de nuestra existencia desde  épocas bastante cercanas; por  ello, antes era la propia gente de los pueblos quien hacía sus propias previsiones del tiempo.
   En casi todos los lugares había personas “expertas” que presumían de saber predecir el tiempo que iba a hacer en su zona, de un modo bastante fiable, ya que poseían una serie de conocimientos que habían adquirido observando los distintos fenómenos naturales: los vientos de la comarca,  la forma de las nubes, el estado del cielo, la observación del sol y de la luna, el aspecto de las plantas, el comportamiento de los animales…
  Con estos estudiosos del clima, aunque acertaban bastante en sus pronósticos, el grado de cumplimiento de las previsiones que hacían era bastante bajo  y la gente no confiaba demasiado en sus aciertos; así, era frecuente escuchar dichos como el siguiente: “Cuando la luna está en cuarto menguante, llueve mucho, llueve poco, no llueve nada, o se queda el tiempo como estaba”.  
  Al lado de estos “expertos meteorólogos rurales”, cuyos conocimientos se basaban en la observación de  la Naturaleza, había otros  “pronosticadores del tiempo” que, a pesar no entender nada del asunto, como los primeros,  también hacían anuncios sobre el clima venidero. En estos casos, el grado de cumplimiento de sus previsiones  era ínfimo  (si era verano, pronosticaban calor; y si era invierno frío, y poco más). Aunque nadie hacía caso de sus pronósticos,  ellos insistían una y otra vez en adivinar cómo iba a ser el clima, tal como sucedió con el protagonista de este suceso.
  
   Una noche de enero iban dos amigos hacia la taberna y hacía un frío intenso propio de la fecha, de esos que “escarallan el pellejo”;  ambos  caminaban deprisa con el fin de llegar lo antes posible al bar, para poder calentarse un poco,  y, durante el trayecto, uno de ellos comentó al otro.
-  ¿Sabes lo que te digo? Mañana va a nevar, estoy seguro de ello.
   Jonás, que es como se llamaba el amigo,  muy extrañado  miró inquisitivamente hacia arriba y pudo ver un cielo totalmente despejado. Aquella noche, la bóveda celeste ofrecía un espectáculo espléndido, totalmente colmada de estrellas, como sólo es posible apreciar durante el primer mes del año, en estas latitudes.  
  En el cielo, durante las noches de enero, es posible distinguir a simple vista, con total claridad, multitud de estrellas y diversas constelaciones: Las  Osas Mayor y Menor, Casiopea, El Dragón, Andrómeda, Perseo, la Vía Láctea… pero,  aunque aquella noche el firmamento ofrecía un aspecto grandioso, Jonás no reparó demasiado en  estrellas ni constelaciones, sólo pretendía comprobar  si había nubes por algún lado y tras mirar  en todas las direcciones pudo cerciorarse de la ausencia total de éstas.  
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  -  Mira Jeremías, no hay nubes por ningún lado ¿Por qué dices que va a nevar?
  -  Lo sé, respondió éste, con rotundidad.  Te lo puedo asegurar al 100%. Mañana va a caer una buena nevada, y yo no me voy a levantar de la cama hasta el mediodía, ya lo verás.
   Al día siguiente, una espesa niebla matutina cubría los campos y las casas del pueblo; a media mañana, el sol logró abrirse paso a través de la bruma, ésta fue  elevándose poco a poco, y, a mediodía nuestra estrella solar lucía vigorosa sobre un cielo azul totalmente despejado.
   Después de comer, ambos amigos coincidieron en el bar  e, inevitablemente, hablaron del tema. Jonás se dirigió a Jeremías “el pronosticador” diciéndole:
-       Ayer dijiste que hoy iba a nevar con ganas, incluso afirmaste que las probabilidades eran del 100%, y, como puedes ver,  no ha nevado, no hay una  triste nube y hace un sol estupendo. 
-        De todos modos, contestó Jeremías,  el 50% de mis previsiones se han cumplido.    
-        ¡¿Pero qué dices?! protestó el compañero, algo enfadado ¡No veo cómo! ¡Mira que sol tenemos!
-       Vamos a ver, respondió “el pronosticador del tiempo”. Yo dije exactamente: “Mañana nevará y yo me levantaré a mediodía”  ¿Fue eso…o no fue eso, lo que yo dije?
-        Efectivamente, eso fue, respondió  Jonás.
Jeremías permaneció en silencio unos instantes, pensando cómo rematar su explicación, y continuó diciendo:  
-        Bueno…no habrá nevado,  pero yo sí me he levantado a mediodía. Luego, no negarás que la mitad de mis pronósticos se han cumplido.

 (Jeremías, uno de los profetas mayores, escribió alguno de los libros  del Antiguo Testamento y sus profecías se cumplieron; a nuestro Jeremías, “el pronosticador”, en cierto modo, también podríamos catalogarlo de profeta; al fin y al cabo, aunque no escribiera libros, también era capaz de adivinar  el futuro: podía predecir la hora en la que pensaba levantarse el día siguiente)

2 comentarios:

  1. Pronosticadores como el Jeremías de tu relato hay muchos; en todos los pueblos. A los abuelos, los mayores, también oíamos decir: Mañana llueve, mi pierna, mi rodilla, me lo dice. Mi cabeza barrunta tormenta… Luego acertaban o no, como Jeremías, pero éste tenía la habilidad de predecir de tal manera que en algo de lo predicho acertaba.
    Con tus historias, divertidas historias, nos remueves recuerdos de nuestra infancia. Yo recuerdo cómo en mi casa, cuando tintineaba el cristal de cierta ventana por el ulular del viento, era señal que en pocos minutos llovía. Y casi siempre así era. El tintineo se debería al desajuste de aquellos cristales sujetos con masilla, que se habría secado, o sin masilla, con puntitas que los sujetaban y se habrían desajustado. También desde La Zarza cuando la Sierra de Cerezal no se veía por la cortina de lluvia que se acercaba, era señal inequívoca que la lluvia estaba al llegar. Supongo que este fenómeno seguirá igual; o no, porque la meteorología, también ha cambiado lo suyo.
    Y ya que del tiempo meteorológico estamos hablando ¿Por qué no pones en tu blog, en el margen derecho, donde tienes espacio suficiente una información del tiempo en tu zona?. Siempre es curioso saber la previsión y temperatura y comparar cada cual con la propia de su lugar.
    Saludos – Manolo-

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  2. En cuestión de pronosticar del tiempo, con las nuevas tecnologías aún conviven las antiguas. Yo tengo un fraile en una pared, de esos que indican, con el palo que tienen en la mano, el tiempo que hace; además, se pone la capucha cuando llueve. Nunca falla porque él, realmente, no hace predicciones; lo que indica en cada momento es el tiempo actual.
    Respecto a poner en el blog un indicador del tiempo, gracias por la idea. Lo intentaré

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