viernes, 10 de junio de 2016


El terror de los amorosos

   “No quiso la lengua castellana que de casado a cansado hubiese más de una letra de diferencia”, esa frase que empleó Lope de Vega, uno de los genios de nuestra literatura, para expresar el estado anímico de muchos casados, sirve de ejemplo para apreciar la gran diferencia, en cuanto al significado, que puede existir entre dos palabras que llevadas al papel son tan similares.
   Con otros vocablos de nuestro idioma ocurre lo mismo, como es el caso de moroso y amoroso. Ambos se diferencian también, únicamente, en una letra, y tienen un significado muy distinto. Un amoroso, es una persona que siente amor hacia alguien;  mientras que un moroso es una persona que se retrasa en el pago de una cantidad de dinero, ya sea  un impuesto o  un préstamo que le han hecho.

   Una vez tenían  en un pueblo  un alcalde bastante ignorante. No sabemos, en la escuela, lo bueno o mal alumno que pudo ser, ni lo que llegó a aprender; pero, cuando a los 10 años la abandonó (aún no existía la ESO),  dejó de instruirse y apenas leía nada, “porque no le hacía falta” -según afirmaba el hombre- . Ocasionalmente, si algún periódico caía en sus manos, leía sólo  títulos de las noticias de la portada y no pasaba de ahí, lo demás ya le parecía un exceso, así que desconocía muchos términos del vocabulario.
  Bueno, pues este hombre un día llegó a ser la máxima autoridad de su pueblo (en los lugares pequeños, cuando se elige al alcalde, muchas veces, las opciones que hay en la elección no son demasiado buenas y quien resulta vencedor termina siéndolo el menos malo de los aspirantes. En este pueblo, si hubo dos candidatos y quien resultó elegido había sido él, no soy capaz de imaginar cómo sería el otro. Otra posibilidad es que sólo hubiese optado él a la alcaldía y sucediera lo mismo que a Eva le pasaba con Adán, que para ella, sin lugar a dudas. el más guapo del lugar. Fuera por una circunstancia, o bien la otra, el caso es que era el “mandamás” de su pueblo).
  El regidor, además de ser un lerdo, era un poco bruto, bastante honrado si lo comparamos con lo que se lleva hoy día entre la gente de su gremio , muy decidido - por aquí diríamos que era un “tirao palante”-,  y  no se amilanaba ante nada;  por ello, desde que resultó elegido, hablaba de todos los asuntos, habidos y por haber , con mucha suficiencia, como si el hecho de ser alcalde llevara aparejado  haber sido investido de sabiduría por parte del Espíritu Santo, como le ocurriera  a los apóstoles, y, a menudo,  usaba términos cuyo significado desconocía;  cometiendo, continuamente, errores mayúsculos con el vocabulario.  
  Además era bastante orgulloso y, si alguien intentaba corregirle, se enfadaba mucho, por lo que los demás lo dejaban a su libre albedrío originándose a veces, en los plenos  municipales,  situaciones que provocaban hilaridad en el resto de compañeros de corporación, que lo pasaban realmente mal, pues, continuamente, cuando hablaba el alcalde, tenían que hacer esfuerzos sobrehumanos para contener la risa y no siempre lo conseguían.

   Aquel día, había pleno municipal  y el secretario leyó uno de los temas del día que trataba  sobre los vecinos que no pagaban los impuestos dentro del plazo establecido,  y de las medidas que se debían adoptar para acabar con los morosos. Cuando éste acabó de leer el contenido del  apartado, el primero que tomó la palabra, como siempre, fue el alcalde.
-        El problema de los amorosos lo arreglo yo rápido. Verás, dijo mirando al secretario, luego me dejas la lista de todos los amorosos que haya  y yo me encargo de llamarles la atención. En dos días, os garantizo que no va a quedar ningún amoroso en este pueblo.
   
   En otra ocasión, estaba una mañana el alcalde, en el despacho del ayuntamiento, y alguien llamó a la puerta.
-        ¡Pasa!, dijo desde el sillón donde estaba sentado.
   Entró un vecino del pueblo, ya mayor, y saludó al regidor tal como antes se hacía, cuando la educación era un valor que se estimaba en su justo valor.
-        Buenos días nos de Dios.
 Al oír el saludo, el regidor se enfadó:
-        ¡Escucha!, contestó. Este ayuntamiento, desde que yo soy el alcalde, ha dejado de  ser católico… oooo religioso… ooo lo que sea, da igual.  Sé que hay  una palabra para decirlo, pero no me acuerdo creo que es laso…o laiso… bueno, no sé
-        ¿Laico?, preguntó el vecino, dudando si era esa la palabra que quería decir  su interlocutor.
-        Sí, eso es…este es un ayuntamiento democrático y muy laico, respondió el alcalde.
  El vecino le escucha estupefacto, a la par que miraba el crucifijo que colgaba en la pared, a la espalda de su interlocutor. La máxima autoridad del pueblo, una vez ya sabida la palabra que quería expresar, continuó su verborrea.  
-        Y como no quiero que aquí haya nada que tenga que ver con la religión,  nadie puede venir a verme  saludando de este modo. Así que vuelves a salir… llamas de nuevo…y al entrar saludas como Dios manda.


(Nota: Este alcalde, que pretendía acabar con los amorosos de su pueblo, realmente existió. Su mandato tuvo lugar en la década de 1980 y, aunque a alguno pueda recordarle a algún alcalde conocido, es preciso aclarar que no perteneció a nuestra comarca)

3 comentarios:

  1. Es una suerte y una gozada tener el "Rincón Bloguero" que tenemos en nuestra página; tan variado, tan distintos unos de otros, tan divertidos, entretenidos, didácticos en muchos casos y siempre con esee fondo de amor a nuestras gentes, nuestros pueblos, nuestra tierra y su ambiente, para lo bueno y para lo malo, que de todo tiene que haber.
    Lo dicho una gozada.

    Estoy pensando traer a este Rincón, mi otro blog dedicado a mi otro pueblo (de mi esposa): HorcajOnline, pues como la página y Rincón bloguero de aquel pueblo quedó con menos actividad y por tal motivo anulé su alojamiento, quedando integrada dentro de la pàgina de La Zarza, como un apartado más, que aparece por ENLACES > Horcajo. Y como solo se actualiza, y mas bien poco, solamente el blog citado, lo añadiré al Rincón de La Zarza, para satisfacción de algunos que lo seguían, y le habían perdido la pista.

    -Manolo-

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  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  3. Pues claro que es una suerte contar con el "Rincón Bloguero", pero la suerte es para quienes podemos leerlo y participar en él, gracias a ti. Un saludo.

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