jueves, 19 de mayo de 2016

Una tos inoportuna

   Una vez vivía, en este pueblo, un matrimonio que tenía un loro y los dueños del pájaro, como es natural, querían que hablase,  por lo que se pasaban el día entero enseñando al loro palabras y más palabras; pero éste, que era poco receptivo, sólo repetía alguna palabra suelta, “ de guindas a brevas”, ante el disgusto de sus amos.
   Al marido le gustaba mucho el tabaco, como todos los fumadores inveterados arrastraba desde hacía años una bronquitis crónica, y todas las mañanas, al levantarse, tosía un buen rato hasta que los bronquios se despejaban un poco y se calmaba la tos.
 
   Un día, se acercó una vecina al domicilio de los dueños del loro y, al encontrar la puerta cerrada,  con el picaporte llamó varias veces, pero nadie le contestó. Tras esperar un rato prudencial, al ver que nadie salía a abrirle, contrariada, decidió volver sobre sus pasos, y, cuando se disponía marchar, oyó que alguien tosía dentro de la casa.
   Pues hay alguien dentro, pensó la mujer; por lo menos el marido está. Cogió nuevamente  el picaporte y, con energía, volvió a llamar esperando, posteriormente,  un rato  a ver si desde el interior alguien venía a franquearle la entrada, pero nadie acudió a abrirle. Estaba segura de que en el interior de la casa había gente, pues le había toser, así que aún insistió más en las llamadas,  pero, a pesar de ello, nadie salía a abrir la puerta, por lo que decidió regresar a su domicilio
   Iba calle abajo, muy molesta por el desaire recibido y se encontró con la dueña de la casa.
 - ¡Hay que ver!, recriminó a la mujer. He estado en tu casa, he llamado varias veces,  y Andrés  no ha querido abrirme.
 - ¿Mi marido?, pero si está en Salamanca. Cogió el coche de línea esta mañana y hasta la tarde no vuelve. 
-  ¡Cómo que está en Salamanca! Tu marido está en casa y no ha querido abrirme la puerta…y eso  que he llamado varias veces. Desde la calle le he oído toser, muy clarito. 
   Su interlocutora, al oír lo que decía la vecina, la miraba moviendo repetidamente la cabeza hacia a los lados haciendo ademán de negar los hechos.
-  Mira, en mi casa no hay nadie. El único que está allí es el puñetero del loro. Llevamos enseñándole a hablar… “yo que sé el tiempo”,  pero no hemos logrado que diga nada. Lo único que ha aprendido es a imitar la tos de mi marido, que tose todas las mañanas como un descosido.  
Andrés lo hace sólo por las mañanas y tiene un pase, pero el jodío loro se pasa todo el santo día  tosiendo. Es a él a quien has oído toser.
-      Pues sí que lo hace bien, sí. Confirmó la vecina.


4 comentarios:

  1. "Cuentos, historias y otras cosas que te contaron" , que recuerdas y nos cuentas y alegras un poco a todos. Así me consta, José, aunque los lectores no dejen comentarios. Eso es otro cantar.
    En estos tiempos que abundan los cacos, no estaría mal tener un loro en casa, como el de la historia, que tosa o hable y ahuyente a los amigos de lo ajeno. Podría servir como antirrobo (jeje)
    -Manolo-

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    1. Un día me contaron esta anécdota, la del loro que sólo sabía toser, y que no hablaba, afirmando que había ocurrido realmente. Respecto a los comentarios, agradezco tus opiniones, pero eso es secundario; yo escribo ésto, simplemente, porque me gusta. No busco el aplauso de nadie.
      Un saludo.

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  2. Soy de la misma opinión que tú, José; no me seducen los aplausos de los que estén o no de acuerdo con lo que cada cual escribe. Uno escribe lo que siente y con la mejor intención, el que encuentre torceduras, que las enderece o guarde silencio.
    Estas anécdotas, siempre estarán en le recuerdo de los que, como nosotros, formaron parte de nuestra infancia en un lugar tan pequeño como el pueblo, y, seguirán siendo nuestras compañeras hasta el final.
    Por cierto, muy ilustrativo el cuento y, bastante agudo el loro.
    Como dice Manolo, habrá que contratarlo como vigilante, si no es muy cara la Seguridad Social de esta clase de vigilantes sin jurar.
    Saludos. Luis

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  3. Hola Juan Luis. Tienes razón sobre las anécdotas, casi todas ellas forman, de uno u otro modo, parte de nuestra biografía personal aunque algunas, para entender la esencia que encierran, es necesario saber situarlas en un tiempo y espacio determinado.
    Respecto al loro, no está mal la idea de tenerlo como vigilante, pero no son baratos y requieren bastantes cuidados.

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