jueves, 28 de abril de 2016

Una señal del cielo
  
    La religión proporciona bienes espirituales pero, a veces,  nos empeñamos en pedir a Dios cosas que se alejan bastante de la espiritualidad, como le ocurrió a uno de nuestros paisanos.  
  Sisenando, así se llamaba este hombre, vivía en un pueblo de nuestra comarca, desde hacía  algún tiempo estaba pasando apuros económicos - un mal bastante generalizado -  y llevaba una temporada acudiendo a la iglesia con mucha frecuencia pues  había oído decir que, si alguien se encuentra en dificultades, tiene fe,  y reza mucho, Dios siempre acude en su ayuda y los problemas acaban solucionándose. Esta era la causa de que , desde hacía varias semanas,  asistiera a misa a diario; allí, se situaba  en uno de los bancos delanteros, con gran devoción escuchaba el oficio religioso, y, una vez  finalizado,  aún permanecía orando, sin moverse del sitio, un buen rato, antes de volver a casa.
   En los pueblos pequeños , como nos conocemos todos, y el contacto entre sus habitantes  es muy estrecho, casi no existe la vida privada;de modo que, aquello que se salga de lo habitual enseguida llama la atención entre los vecinos, como ocurría con  este hombre.  Era del dominio público que Sisenando,  "de un tiempo para acá" , había entrado  en una   etapa de euforia   religiosa  y nadie sabía explicar la causa. 
   Un día, al acabar la misa, tras haber abandonado el resto de los parroquianos el templo, nuestro devoto, tal como  hacía habitualmente,  permaneció un rato más en la iglesia para rezar a solas y hacer sus peticiones a Dios y  a todos los santos.. En esta actividad se encontraba cuando  el cura, al  salir de la sacristía, tras haberse desprendido de sus ornamentos sacros,  reparó en Sisenando que se encontraba arrodillado, orando y “poniendo cara de bueno”. Le agradaba que este hombre tuviese tanto fervor. Hasta entonces, como ocurre con la mayoría de los cristianos, cumplía con la religión lo justo; bueno, él en concreto, para qué nos vamos a engañar, hasta entonces había sido poco practicante… en realidad, muy poco. Eso lo sabía bien el párroco y por ello sospechaba que esta repentina crisis de fervor tenía que estar ocasionada por algo. Sopesó un poco la situación  y consideró que si el feligrés tenía algún problema, él, como “pastor del rebaño”, debía interesase por  “la oveja orante” para ver si podía ayudarle en algo.
   El sacerdote intuía que el problema de Sisenando no era precisamente espiritual y ,tras hablar con él, se confirmaron sus sospechas.  Le indicó que era bueno rezar y tener fe, pero que sólo con esta actitud era muy difícil que se resolviera su problema así que le convenía buscar otras posibles soluciones ajenas a  la religión. Incluso le recordó el viejo dicho de “a Dios rogando, y con el mazo dando”,  intentado que nuestro paisano comprendiera sus explicaciones; pero éste debía ser bastante cerril e hizo caso omiso “a lo de usar el mazo “, tal como le recomendara el párroco, pues continuó con sus rezos pretendiendo encontrar la solución a sus contratiempos económicos, exclusivamente, en la Divinidad.
   Un día, como acostumbraba, acudió a misa de mañana y rezó, una vez más, con gran fervor pidiendo “Al de Arriba” que le mandase, por el camino que fuese, alguna solución  para que se arreglara la penuria económica que tanto le preocupaba.
   Era época de primavera de modo que, al salir de la iglesia, pudo apreciar cómo el sol matutino  iluminaba las fachadas y tejados del lugar; miró al cielo y pudo ver gran cantidad de vencejos y golondrinas surcando el aire bajo un cielo azul intenso; pero él no estaba para admirar a la  naturaleza ya que mantenía su mente ocupada en asuntos "más importantes".
  Debió pensar que, desde el cielo,el Altísimo podía estar observándole, así que juntó sus manos en posición orante implorando en voz baja:
-     Por favor Señor, mándame una señal ¡Y hazlo pronto!
   La cigüeña, que tenía su nido en la torre de la iglesia, acababa de abandonarlo en ese preciso momento y al pasar volando sobre nuestro místico paisano tuvo la ocurrencia de descargar una copiosa cagada que fue a parar, íntegra, en la cara del piadoso parroquiano,  que se encontraba en la puerta de la iglesia pidiendo al cielo una señal.   
   Las compañeras de misa, a esa hora sólo iban mujeres, se partían de risa cuando vieron lo ocurrido, mientras que el hombre, avergonzado, se limpió como pudo la cara, escupió con asco lo que le llegó a entrar en la boca, y se marchó, apresuradamente,  a casa, echando maldiciones.
    Tras lo ocurrido sufrió otra crisis de fe aunque, en  este caso, fue anti-religiosa, y tardó mucho tiempo en volver a pisar el templo.

   Existían dos motivos para negarse a acudir a la iglesia. El primero era la gran vergüenza que experimentó por lo ocurrido, la descarga de la “mercancía” que la cigüeña dejó caer en su rostro, delante de las mujeres, y que le hizo sentir el mayor de los ridículos, y el segundo,que por fin, comprendió que al cielo uno sólo debe dirigirse pidiendo bienes espirituales, y no materiales. Aunque, pensándolo bien, él había pedido un gesto al cielo, y del cielo le llegó "algo". En su fuero interno estaba convencido de que ese día, por fin, Dios había escuchado sus ruegos y por ello le había enviado una señal; aunque no era el tipo señal que él deseaba. 

2 comentarios:

  1. Me gustan tus cuentos, José, tus historias, verídicas o no. Me gustan algunas expresiones, muy nuestras, que empleas en los relatos. El pobre Sisenando, que sería hijo de Sisebuto, con este nombre, inventado o no, no podía más que sucederle algo así.
    Al imaginarme la “descarga” de la cigüeña en “to la cara” de Sisenando, me ha venido a la memoria algo similar, una imagen con la cigüeña de por medio que no terminaba de ver clara…
    ¡Ya está! Una viñeta que hice con motivo, hace años, del lío que hubo en La Zarza con el tema de la cigüeña sí, cigüeña no; que por cierto saltó a los informativos nacionales, de prensa radio y TV. Encontraréis amplia información de la repercusión que tuvo dicho tema en nuestra página, en: noticias > cigüeña.

    -Manolo-

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  2. Hola Manuel: me alegro que te gusten estas historias. Respecto a la veracidad de la mismas, te diré que unas son ciertas y otras no lo son tanto.
    Volviendo a la cigüeña, en la década de 1940 a un cura de mi pueblo una de ellas, que entonces anidaba en el campanario, le "descargó" encima, no se si en la sotana o en la cabeza, y el hombre que era cazador, cogió la escopeta y le pegó un tiro. Imagina si esto lo hiciera un cura en los tiempos actuales.

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